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The Vaselines, “V For The Vaselines” (Rosary Records, 2014)

Autor:  | Google+ | @curtillo

v for the vaselines

Cuando a Kurt Cobain le dio por reivindicar a The Vaselines, los escoceses, que sólo habían sacado un disco, ya se habían separado. La decisión de reunirse veinte años después y sacar un segundo trabajo (aquel irregular “Sex With An X”) es toda una incógnita, pero tras escuchar su tercer largo, eso ya da igual. Eugene Kelly y Frances McKee han fabricado su mejor álbum hasta la fecha o, por lo menos, en el que están más centrados. No es que las canciones de este trabajo se puedan comparar con ‘Molly’s Lips’, ‘Son Of A Gun’ o ‘Jesus Wants Me For A Sunbeam’ –son épocas muy diferentes y el interés que suscitan no es el mismo–, pero forman una colección de lo más coherente.

Grabado en los estudios que Mogwai tienen en Glasgow, “V For The Vaselines” contiene aportaciones de algunos de los talentos más grandes de Escocia. Por él han pasado Francis MacDonald de Teenage Fanclub, Stevie Jackson de Belle & Sebastian o Scott Paterson de Sons & Daughters, que han aportado su granito de arena para que Eugene y Frances tengan su disco inspirado en los Ramones (aunque parezca mentira, la idea de estas canciones le vino a Kelly viendo a una banda que homenajeaba al mítico grupo de punk-pop neoyorquino). Han ido directos al grano: nos encontramos con una colección de canciones de pop ruidoso y, en muchos casos, acelerado; algo que casa de maravilla con su buen hacer con los estribillos y las melodías.

High Tide Low Tide’ y ‘One Lost Year’ son los dos hits del disco, que para algo son los singles que nos han adelantado. Aquí no tienen ningún problema en fabricar un par de cortes que se pegan al oyente a las primeras de cambio (los coros de la primera y el repetitivo estribillo de la segunda tienen la culpa); dos de esas canciones que le animan a uno a coger la guitarra y fabricar la perfección pop en apenas tres minutos. Pero no es tan fácil, y ahí es donde The Vaselines demuestran que tienen talento a raudales. Lo mejor de todo es que ni siquiera estas dos canciones son lo mejor del disco; ese honor se lo quedan la muy noventera ‘Crazy Lady’ y esa preciosidad ruidosa llamada ‘False Heaven’.

En los temas más lentos están más irregulares, y nos dejan las dos caras de la moneda. Por un lado tenemos ‘Single Spies’, el clásico tema de pop con piano y una de las dos aportaciones de MacDonald (la otra la tenemos en la genial ‘Inky Lies’). No está mal, pero resulta un tanto anodina entre tanta distorsión (no pega mucho con el resto del álbum). En cambio, en ‘Last Half Hour’, el otro corte lento y el tema con el que cierran el álbum, rinden un ruidoso homenaje al “Wall Of Sound” de Phil Spector. Así no pierden la conexión con los Ramones.

Quizá su música ya no esté de moda y ya no resulte tan atractiva para parte del público “indie”, pero siguen siendo unos artistas del buen pop. Eso no se lo quita nadie.

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