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Vampire Weekend, “Modern Vampires Of The City” (XL Recordings, 2013)

Autor:  | Google+ | @curtillo

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Modern Vampires Of The City es el disco con el que Vampire Weekend se la juegan, el que debería confirmarles como una de las bandas más importantes de nuestros días. Por eso mismo, no sorprende la enorme campaña de promoción que han hecho, en la que su alianza con Steve Buscemi o los lyrics-videos de presentación (el de Ya Hey en la azotea del edificio Metlife de Nueva York, es una genialidad) han sido los grandes protagonistas. Es todo un ejemplo de cómo dar a conocer las nuevas canciones sin resultar cansino (hola, Daft Punk); canciones que elevan al grupo a los altares del pop, y que dejan muy claro que los neoyorquinos no son flor de un día.

Ellos mismo se han encargado de decir que este disco es el final de una trilogía, y que iba a resultar más calmado y menos luminoso. Eso es cierto, y lo podemos ver de buenas a primeras en Obvious Bicycle, el tema que abre tranquilamente el álbum. Una delicia de canción en la que meten samplers de viejos artistas de reggae, y en la que Ezra Koenig y Rostam Batmanglij juegan con las posibilidades de sus voces, algo muy presente en todo el trabajo. Tras ella dan paso a Unbelievers, que, sin duda alguna, es el tema que más recuerda a sus comienzos, y todo un hit al nivel de Oxford Comma o Cousins. Step y Diane Young son las dos primeras canciones que conocimos del álbum, dos canciones totalmente opuestas que casi no parecen del mismo grupo. La primera es delicada, tiene influencias de hip-hop y de r&b, y nos la mostraron con un bonito homenaje a su ciudad. La segunda es una canción sucia, incómoda, muy primitiva, en la que pasan por la batidora el rock de los cincuenta y unas bases electrónicas locas, y que nos la presentaron con ese vídeo de un plano fijo de un Saab ardiendo. Las dos funcionan. De hecho, son de lo mejor del álbum (sobre todo la primera, que es una absoluta preciosidad).

Una de las cualidades de “Modern Vampires of the City”, es que casi han dejado de lado el rollo afro-pop que les dio a conocer, y ahora se van hacia el pop más convencional. Eso es lo que encontramos en Dont Lie o Hannah Hunt, dos medios tiempos en los que salen más que airosos, y realmente emocionan. El final de esta última, con su piano y con Koenig dando lo mejor de sí mismo, es grande, muy grande. Con Finger Back recuperan el tono enérgico, casi punk, que tenían en su primer trabajo, y para nada desentona con el resto del álbum. Al igual que tampoco lo hace la muy afro (algo hay, y en pequeñas dosis no hace daño) Worship You, que es una auténtica pasada. Su ritmo de trote y ese tono épico que tiene el estribillo te atrapan: te dan ganas de dar al repeat constantemente. Lo malo es que no puedes, porque inmediatamente después viene LA CANCIÓN, así, en mayúsculas. Ya Hey es de largo el mejor tema que han hecho Vampire Weekend en toda su carrera, y una firme candidata a la mejor canción de 2013. Ni siquiera sus voces pitufadas o la especie de graznidos previos al tremendo estribillo le restan puntos. Sus cinco minutos melancólicos no tienen desperdicio ninguno. No sólo no se hace larga, sino que no quieres que se acabe nunca.

Para el final se han dejado los dos temas que menos se acercan a todo lo que han hecho hasta ahora. Hudson es una canción oscura en la que se nota una influencia de las bandas sonoras más clásicas, con sus baterías de marchas militares y un estremecedor teclado. La segunda es casi una anécdota, basada en una simple línea de piano. Yo me la hubiera ahorrado, pero se lo pueden permitir, porque el resto del disco roza la perfección.

Modern Vampires Of The City” es el disco con el que Vampire Weekend se la jugaban, y el que les confirma como una de las bandas más importantes de nuestros días.

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