Publicidad

Tuya “Waterspot” (Subterfuge 2012)

Autor: | @sergiomiro

tuyawater

Aunque a algún dogmático redomado le pueda molestar, el indie español ya va acumulando una serie de músicos de estudio-estrella que son capaces de combinar la habilidad y versatilidad exigible a un profesional del ramo, con una cierta inquietud exploradora y una pasión propias de cualquier veinteañero integrado en una banda guitarrera. Cuatro de esos sesioneros de lujo han decidido dejar atrás por un momento la cantidad de proyectos lucrativos de los que en algún momento han formado parte (se les ha escuchado en discos y giras de Russian Red, Annie B. Sweet, Templeton, CatPeople, El Hijo o Lüger, entre otros) para montar su propio “supergrupo indie”, Tuya.


La cosa empezó como un desfogue personal en el que David T. Guinzo daba salida a sus propias composiciones, pero con la llegada y la máxima implicación de Juan Diego Gosálvez, Héctor Ngomo y Brian Hunt, el grupo fue cogiendo una personalidad propia en la que cada elemento aportaba lo mejor de sí. La evolución de una cosa a otra se puede trazar claramente si uno escucha el primer EP Own y seguidamente pasa a este Waterspot, debut en largo realizado un año después. El resultado son doce canciones en inglés de pop muy accesible aunque con ese punto “rarito” a la hora de trabajar ritmos y sonidos que les sitúa en la misma órbita “indie” en la que reinan comercialmente Love of Lesbian o Vetusta Morla, aunque quizás con una vocación más internacional en lo que a sonido se refiere. La voz de David (que a mí me recuerda a la del cantante de mis añorados Bluetones) tiene un punto juvenil que resta peso y oscuridad a la mayor parte de las melodías, al tiempo que les abre puertas a un público más amplio. Hay canciones que delatan excesivamente las influencias (uno puede cerrar los ojos en determinados momentos y pensar que anda escuchando a los Radiohead más guitarreros, o alguna intro de Muse, o un himno perdido de Arcade Fire, o una pieza especialmente melódica de Bright Eyes), pero se les perdona rápidamente por la satisfacción de saber que hay gente haciendo cosas de este estilo con tanta eficiencia en nuestro país. Escuchando la cantidad de matices incluidos en un disco que, además, puede presumir de sonido impecable, uno no puede más que asombrarse al averiguar que todo fue grabado en un único día, prácticamente en directo, en los estudios que Red Bull ha montado en El Matadero de Madrid. Tan solo alguna pieza de la segunda mitad del disco delata cierta crudeza en el acabado que podría haberse beneficiado de una grabación más reposada, pero está claro que el resultado global solo está al alcance de músicos con el recorrido que tienen nuestros cuatro protagonistas (a pesar de su juventud).    
To Top