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Trust, Joyland (Arts & Crafts, 2014)

Autor: | @D_Zorg

trusjoyland

Trust lanza un segundo LP con la confesión (o descarada declaración) de ser realmente un proyecto de exclusiva total a Robert Alfons, quien asume total responsabilidad y autoridad una vez terminada la participación de su baterista y supuesta segunda mente creativa Maya Postepski.

Trust pertenece a una escena que existe pero no con suficiente cohesión, ya que hay bandas como Sixth June, Línea Áspera y Mueran Humanos que, con un sonido similar se encuentran regados por todo el mundo sin siquiera conocerse y, sobre todas las cosas, niegan su acercamiento a la música como algo gótico, darkwave o futurepop; esta camada es cambiante y, sea Client o Zola Jesus, siempre habrá un segundo LP con que sacudirse las etiquetas ¿quién se acuerda del witchouse hoy en día?

Continuando con la racha de horripilantes portadas, se mezcla el techno, ambiente y synthpop en inofensivas pero suficientemente introspectivas canciones como “Icabod”, “Capitol” y “Peer Preassure” que aún invitan a bailar bajo oscuras luces intermitentes; El título del álbum, “Joyland”, sin duda alude a un espacio en que el cantautor recurre para seguir produciendo música que refleje no solo su estado de ánimo que, tras éxito internacional seguro encontró mejor cara, sino que al final se trate de disfrutar de lo que se hace sin complacencias o emulaciones. “Joyland” es el club al que Alfons va a dejar todo de si, o al menos lo que no había dejado en visitas previas.

Robert Alfons utiliza una vez más distintos matices (o versiones) de su voz sobre progresivas y extensas melodías electrónicas en pro de una oferta distinta a su debut que, si bien no es un cambio radical, es ciertamente un trabajo más plano a su antecesor; este nuevo LP más que una segunda parte a “TRST”, es como un epilogo que ata cualquier cabo suelto y concluye cualquier asunto sin resolver. Un complemento al verdadero plato fuerte, por decirlo así.

Sin duda se escucha un álbum de música pop contemporánea destacable y con grandes sencillos, pero como un todo puede caer en lo predecible; Joyland es bailable, es seductor, guarda parte de esa sensualidad que originalmente atrapó al incauto, pero el rostro al que ahora se enfrente es más luminoso y desmaquillado, es decir, ha perdido cierto encanto.

 

 

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