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TOY “Toy” (Heavenly-Coop 2012)

Autor:  | Google+ | @curtillo

Toy

Toy han contando con el apoyo de los medios británicos desde que comenzaron su andadura hace apenas dos años, por lo que no les ha costado mucho llegar a donde están ahora. El termino hype, que se suele utilizar despectivamente, les viene como anillo al dedo. Todo esto puede jugar en su contra y hacer que se queden en un grupo más de los encumbrados por los periodistas como “banda de la semana”. Sería una lástima, ya que en la hora de música de su primer trabajo hay talento, y mucho.


Para empezar, han elegido el difícil camino del rock psicodélico y el shoegaze, y no se han ido a la canción de pop-rock fácil que suelen hacer este tipo de bandas que duran un suspiro. Lo suyo es un collage de paisajes guitarreros, envolventes melodías de teclados (la teclista, por cierto, es española) y pegadizos estribillos deudores del pop oscuro de los ochenta. Al igual que sus amigos de The Horrors, con los que siempre les están comparando, están tremendamente influidos por las bandas pop del post-punk, y no es difícil ver rastros de The Psychedelic Furs o de The Church en sus canciones, algo que les honra.

No se andan con chiquitas, y empiezan el disco con un tema de fácil asimilación y de pegada instantánea como Colours Running Out. Imposible no rendirse a su estribillo. En la segunda canción le dan todo el protagonismo al teclado (muy ABBA, por cierto), y nos sorprenden con una dulce píldora de dream-pop. Una vez presentadas sus cartas más comerciales, se van hacia la vena menos amable de su música, y ahí es donde entra Dead & Gone. No es que estemos ante un tema experimental ni nada por el estilo, pero sí ante un corte de casi ocho minutos con un ritmo de lo más monótono que no estalla hasta casi el final. Esto de hacer canciones de larga duración que se te pasan en un suspiro es otra de sus grandes bazas. Con Lose My Way entra en juego su lado más pop, y nosotros ya caemos rendidos a sus pies por completo. Este tema, My Heart Skips a Beat y Make It Mine, son una absoluta delicia y el contrapunto perfecto a los más guitarreros del disco, que ganan por goleada. Y es que, cuando se hace una cosa bien, para qué se va a cambiar. Eso es lo que debieron pensar al terminar canciones como Motoring, o los excepcionales diez minutos de Kopter, que cierran el disco. Además, salen airosos de ese devaneo por el krautrock que es Drifting Deeper.

Pero no todo van a ser elogios, ya que el disco tiene algún momento irregular. El principal problema surge cuando se van hacia un rock más crudo, como en el caso de Strange, donde aburren porque se han dejado en el tintero todo lo bueno que se puede ver en el resto del álbum. Tampoco logran decir mucho en un tema menos saturado y menos producido como Walk Up To Me, que se hace demasiado largo y no termina de cuajar.

Estamos ante uno de los grandes debuts del año y, aunque tenga algún defectillo que otro, es un trabajo de notable alto.

 

 

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