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Tomas Barfod, Love Me (Secretly Canadian 2014)

Autor: | @sergiomiro

tomasbarford

El éxito de Salton sea (2012) no parece haber cogido a contrapié a Tomas Barfod. Lejos de encerrarse en si mismo y volverse un “electrospectivo” más (estoy por acuñar este término para todos los melancólicos de la nueva electrónica en la senda de James Blake), Barfod pide ser amado desde el mismo título de su segundo trabajo. Y lo hace con argumentos, ya que cuando quiere, es capaz de producir un electropop de lo más abrazable y hasta bailable, como demuestran canciones como la ya conocida Pulsing o Busy baby.

Esos cortes, junto con otros dos, están precisamente cantados por Nina K, la colaboradora sueca con la que la música de Barfod parece respirar de manera más natural, y que por lo tanto protagoniza el lado totalmente accesible de Love me (no quiero dejar de mencionar Waiting for us, también con Nina al frente, que posee un extraño magnetismo a pesar de que en mis momentos de duda la podría tomar por un buen remix de una canción ochentera de Mike Olfield, no me pregunten por qué).

Barfod no parece animarse a cantar; seguro que con buen criterio, ya que no todo mago de la programación ha de tener buena voz (así nos ahorramos un río de autotunes y efectos que disfracen la cosa), por lo que la personalidad del disco va ajustándose ligeramente según qué colaborador esté al micro.

El líder de Her We Go Magic, Luke Temple abre el disco con una Bell House, balada de peso de las que van construyendo tensión de forma efectiva con serie de motivos repetitivos que nunca terminan de estallar del todo.

La participación de Pell en Lost es demasiado mundana, casi en territorio de UB40, una pena que haya sido la elegida para el cierre de disco, ya que produce una sensación final injusta con el trabajo global.

Más interesante resulta la aportación de los daneses Sleep Party People para crear una bizarra pieza de psicodelia electrónica que engancha bastante. De igual forma, llama la atención el cambio de contexto del artista folkie Night Beds, que aquí aporta misterio a la serpenteante Sell you, una pieza que delata lo mucho que Barfod se amamantó de la escena de Bristol de los 90.

El disco se completa con un par de instrumentales –más una colaboración de Jeppe Kjellberg que igual podría haber sido un instrumental- sin demasiada historia, lo cual nos deja claro que el futuro de Barfod está en el electropop cantado, y que no sería mala cosa que dejase caer la fruta de madura y se decidiera a conformar dúo de facto con Nina K. Mientras tanto, el picoteo estilístico que todavía se evidencia en Love me le basta para consolidarle entre los nombres a tener en cuenta de la escena actual.

 

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