Publicidad

Timber Timbre, “Sincerely, Future Pollution” (City Slang, 2017)

Autor: | @sergiomiro

Una de las muchas cosas que hemos tenido que asumir los fans de Twin Peaks al adentrarnos en los bizarros primeros capítulos de la temporada de regreso ha sido ver cómo la acción en nuestro pueblito imaginario favorito compartía protagonismo con otros escenarios, siendo el más chocante de ellos un Nueva York debidamente establecido en la historia con un impactante plano nocturno de los rascacielos. Una sensación similar es la provoca escuchar el sexto trabajo de Timber Timbre y comprobar que los tradicionales sonidos eminentemente orgánicos comparten ahora espacio con prominentes mantos de sintetizadores y algún ritmo programado (dejemos en el cajón de las “hermosas casualidades” el hecho de que la portada del disco sea una foto muy similar al mencionado plano de los rascacielos de la serie de Lynch).

Que nadie se preocupe en exceso. Tal vez no de una manera tan evidente, pero la banda de Taylor Kirk ya había cambiado de piel en discos anteriores, y han vuelto a dejar claro que saben muy bien lo que se traen entre manos. Una vez nos acostumbramos a los elementos novedosos, vemos que, en el fondo, la esencia sigue siendo la misma. Y con ello, se reafirman como serios aspirantes a ser tu banda favorita. Al fin y al cabo, ¿quién puede resistirse a la combinación de elementos como la majestuosidad orquestal de Tindersticks, el “croon” 50´s actualizado de Richard Hawley, el country hipersensible de Lambchop, el magnetismo siniestro de Scott Walker, o el clasicismo melódico de The Divine Comedy? Todo eso ya formaba parte de sus grabaciones pasadas, y ahora han añadido un puñado de influencias nuevas, la mayor parte de la música de los 80 que, al lado de lo que ya había, dejan de ser exóticas para formar parte de un cuadro musical totalmente seductor.

El toque eminentemente sintetizado de ‘Velvet Gloves & Spit’ ya sirve de aviso, si bien el hipnótico barítono de Kirk y el golpear de un bajo al que Roy Orbison no habría hecho ascos, nos recuerdan el CV de la banda que estamos escuchando.

‘Grifting’ es de las piezas más chocantes y, al mismo tiempo, más acertadas. Entre el funk y el pop elegante, muchos de los sonidos elegidos combinados con la melodía vocal nos invitan a imaginar que Bryan Ferry se ha lanzado a emular el “Pigsde Pink Floyd.

Tras el instrumental ‘Skin Tone’ (uno de los dos temas, junto a ‘Bleu Nuit’, donde vuelven a demostrar que son tan buenos que, incluso sin su arma principal –la voz-, generan sensaciones igual de potentes), las inhibiciones terminan de caer en la muy peculiar ‘Moments’, que comienza siendo un baladón marca de la casa, pero que pronto nos noquea con un vocoder en el estribillo, y con un cambio de ritmo en la recta final en el que reina un solo de guitarra que parece un concurso de malos imitadores de Van Halen y que, sin embargo, encuentra su encaje y su sentido en el contexto.

Una vez salvan ese escollo, cualquier cosa se les podrá permitir, si bien el resto del disco ya nos ahorra sustos y va por derroteros de esperar, desde el casi obligatorio momento tenebroso (‘Sewer Blues’, que Mark Lanegan podría estar encantado de versionear) hasta una última nana de aire clásico, ‘Floating Cathedral’ que desde el principio parece juguetear de forma traviesa y hábil con el motivo principal del ‘And I love her’ de The Beatles.

Valoración: 9

To Top