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Thurston Moore, “The Best Day” (Matador Records, 2014)

Autor:  | Google+ | @curtillo

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Algún día habrá que analizar detenidamente el extraño parón indefinido de Sonic Youth y si hay alguna probabilidad de que vuelvan a hacer algo juntos. Hasta entonces nos tendremos que centrar en los proyectos en solitario de sus miembros, que no tienen la intención de quedarse parados y vivir de las rentas.

El último en mover ficha ha sido Thurston Moore, que esta semana edita su nuevo trabajo (con una foto antigua de su madre en la portada), para el que ha reclutado a Steve Shelley (Sonic Youth), Deb Googe (My Bloody Valentine), y su vecino londinense (sí, se nos ha mudado a la ciudad británica) James Sedwards. Con esta banda, el neoyorquino vuelve a sus comienzos con un trabajo mucho más guitarrero que los dos anteriores, que recuerda una barbaridad a los Sonic Youth de mediados y finales de los noventa. Moore utiliza los mismos ingredientes que podíamos escuchar en discos como “Washing Machine” o “A Thousand Lives”, y consigue volver a sonar fresco con ellos. Pero no se olvida del lado más folkie de sus últimas entregas y, de vez en cuando, prefiere coger la acústica y dejar constancia de su amor por la psicodelia de los sesenta.

Lo primero que deja claro Moore nada más empezar el disco es que no va a hacer ninguna concesión, y si quiere emplear veinte minutos con dos canciones, lo va hacer. Y es que, tras más de treinta años de carrera, él es el primero que sabe cuándo una canción requiere una larga duración, y los dos cortes que abren el disco necesitan todos sus minutos para desarrollarse por completo. Tanto en ‘Speak To The Wild’ como en ‘Forevermore’ juega a la repetición que tan buenos resultados le ha dado en las últimas tres décadas. Sus guitarras dejadas y sucias se fusionan con tormentas de distorsión que, aunque no sorprenden como las de hace veinte o  treinta años, dejan en evidencia a quienes tratan de imitarle.

The Best Day’, el tema que da título al álbum y todo un hit en potencia, nos recuerda a lo mejor del “Dirty”. No es la única canción en la que logra aunar melodía y fuerza guitarrera, y tanto el instrumental de siete minutos llamado ‘Grace Lake’, como ‘Germs Burns’, funcionan de maravilla. Esta última cuenta con el característico ritmo de batería de Steve Shelley y la clásica guitarra cortante que le sigue el juego, dos de los elementos que tanto nos gustan a los seguidores de Sonic Youth.

Moore y sus compinches sólo se salen de la norma establecida en contadas ocasiones: cuando se van al folk psicotrópico que ya he mencionado antes (y donde no aciertan demasiado), y en ‘Detonation’, que va a pillar a más de uno por sorpresa. Y es que aquí Moore se rejuvenece y nos entrega un corte de punk ruidoso cercano a los primeros álbumes de la influyente banda neoyorquina. Todo un pelotazo que demuestra que tiene cuerda para rato. Sin duda alguna, la separación/parón de Sonic Youth fue dolorosa, pero discos como este hacen que lo sea un poco menos.

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