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Thievery Corporation, Saudade (ESL 2014)

Autor: | @sergiomiro

thievery_saudade

Dice la leyenda que fue el amor por la bossa nova y por redescubrir discos de grooves brasileños de los 70 lo que unió los destinos musicales de Rob Garza y Eric Hilton. Algunas de esas filias se han podido intuir tímidamente en la discografía que han publicado bajo el nombre de Thievery Corporation desde su fundación en 1996, aunque casi siempre quedasen tapadas bajo capas de electrónica y una militancia excesivamente fiel al neo-trip-hop.

Tras tocar las profundidades con el oscuro y político Radio retaliation (2008), Thievery Corporation deciden regresar por la puerta grande al mundo de las cafeterías de diseño y las coctelerías, de quienes siempre han sido impecables proveedores de ambientación musical. Y lo hacen abrazando directamente esa música brasileña que tanto aman. Es un salto arriesgado, no porque la música resulte poco accesible, sino porque han tirado por un camino casi purista, sin importarles que sus nuevas canciones puedan ser sometidas a terribles comparaciones con el intocable canon original de la bossa.

No vamos a decir que el legado post-mortem de Jobim vaya a correr peligro tras este lanzamiento, pero sí que hay que reconocer que es un producto muy digno, en el que se combina la riqueza melódica y armónica de la bossa con algunos ritmos y sonidos dignos de las mejores terrazas chill-out del mercado.

Encontraremos aislados elementos electrónicos, aunque predominan las guitarras españolas, los metales, la percusión acústica y los arreglos de cuerda (siempre con un aire de misterio, sobre todo en la fantástica y muy “jamesbondiana” Depth of my soul). Los propios Rob y Eric se hacen cargo de la mayor parte de las guitarras y bajos, confirmando este Saudade como el más “orgánico” de los discos de su carrera.

El casting de vocalistas no rompe la tónica establecida, con una sucesión de voces de seda entre las que destacan Lou Lou Ghelichkhani, Elin Melgarejo, Natalia Clavier y Shana Halligan.

En resumen, una sucesión de elementos químicamente diseñados para agradar al oído humano, y un logrado ejercicio de estilo cuyo mayor mérito es que no desentonará en la propia colección de discos personales de Rob y Eric.

 

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