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The Prophet Hens, The Wonderful Shapes of Back Door Keys (Fishrider Records 2016)

Autor: | @Bloodbuzzedtwit

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Buenas nuevas desde «la tierra del indiepop», Nueva Zelanda. El segundo disco de The Prophet Hens ya está aquí gracias a Fishrider Records —de la distribución en Europa se ocupa Occultation Records—, tres años después de su debut con Popular People Do Popular People. Con él retoman su clásica reinterpretación del glorioso Dunedin Sound, a la vez que le añaden algunas que otras sombras y matices rugosos, como ya anuncia su portada mediante ese contraste entre la viveza multicolor y la lúgubre figura central de la representación arquetípica de «La Plaga».

Juegos vocales entre sus tres cantantes, sintetizador y guitarras encadenándose bajo un ritmo vagamente motorik es lo que nos ofrece la sugerente Oh Wait, It’s Me, Isn’t It, escogida para arrancar el disco. Es jangle-pop con aristas y una cierta turbulencia, especialmente en los aullidos de Penelope Esplin en el frenético estribillo, como si viajásemos en un tren sin clara destinación pero creciente velocidad.

Sin bajarnos de la locomotora llega rauda Popular People, escogida como sencillo de adelanto del álbum, algo comprensible teniendo en cuenta su inmediatez y facilidad para contagiar al oyente con su inflamable soniquete central. A continuación aparece Basically, primera con Karl Bray asumiendo el mando vocal, y dónde sin decaer el brío de los temas iniciales, el grupo abre la paleta sónica a terrenos más inquietantes y escurridizos, con el teclado reproduciendo sonidos que a mi me recuerdan a una feria —¿no os parecen siniestras las ferias?—, algo que va a ser una constante en el resto del disco.

Bajamos el ritmo con Drunk in a Park, liderado de nuevo por Penelope y que pese a su potente estribillo y turbador impasse —lo que os decía, feria con aterradores payasos incluidos, seguro— no pasa de ser un tema pop bastante estándar. Le sucede el más psicodélico y directamente oscuro Heavy Blossom, claramente deudor de mis queridos Chills. Estupendas guitarras, percusiones atávicas y un ambiente inhóspito magníficamente recreado. Sin duda, una de las joyas de este The Wonderful Shapes

En el ecuador del disco nos topamos con Good Shadow, una apropiación del sonido de los Clean —¿Os acordáis de Tally Ho? ¿no?, pues deberíais—, pero buscando mayor sencillez y peso melódico. Le sigue Songman y su irreprimible efervescencia, cantada a dos voces por Bray y Esplin. Parece una luminosa tregua para el oyente después de tantas tinieblas. Pop en tromba.

Acercándonos al tramo final del álbum tenemos Friends, una de las composiciones más lentas de todo el trabajo, a la vez de las más sugestivas, de nuevo con una excelente labor en las guitarras y un hermoso engarce entre las voces masculina-femenina —¿alguien más escucha a los R.E.M.?, eso son diez puntos extra—. Tras ella viene la lineal, olvidable I Might Not Be Right, bastante parecida a Drunk in a Park, demasiado plana.

En cambio, resultan mucho más interesantes los dos temas elegidos por los Prophet Hens para concluir el disco. En primer lugar, Only One y su energético crescendo, transformando una pieza que parecía navegar por sosegados mares en calma en un océano de enfurismado oleaje. Y, para concluir, otro de los momentos más inspirados del LP, D Modal gracias a sus seis minutos de feedback psicodélico, recordando poderosamente a canciones como Point that Thing de los Clean —de nuevo— y dejando al oyente con un gran sabor de boca final. Pese a algún que otro altibajo, The Wonderful Shapes of Back Door Keys es un disco muy disfrutable, sobre todo para aquellos que, como servidor, seáis del «culto de la monja voladora»…

Valoración: 7

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