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The National “Trouble Will Find Me” (4AD 2013)

Autor: | @Bloodbuzzedtwit

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Trouble Will Find Me, el sexto disco de The National, ya está entre nosotros. ¿Disco del año o gran decepción? Extremos de un debate que no tiene demasiado sentido para una banda que ha logrado el éxito comercial de manera escalonada y sin renunciar a sus señas de identidad, en una transición a la “primera división del indie” lograda con tres obras maestras consecutivas -no vamos a disimular, somos fans incondicionales- Alligator, Boxer y High Violet. Unas señas de identidad que están más presentes que nunca en su nuevo trabajo, combinadas con una sensación, confirmada por el propio grupo en varias entrevistas, de haber creado sus nuevas canciones en el ambiente más relajado de toda su carrera y más seguros que nunca de su posición como músicos, dando como resultado un disco sosegado y auto-referencial. Dicho de otro modo, Trouble Will Find Me solo lo podría firmar The National.

El primer ejemplo de que los de Ohio-Brooklyn están convencidos del camino que transitan, ajenos a presiones y expectativas, llega en el arranque del disco. Hace tres años, High Violet comenzaba con la expansiva, explosiva Terrible Love -solo superada por su abismal versión en directo-, uno de esos temas ideales para enganchar a cualquier oyente, incluso al menos fan. Uno esperaría un tema de esa envergadura en el disco que debería consagrarlos como banda mediática. En cambio, Trouble Will Find Me se abre con I Should Live On Salt, cercana al country alternativo de Sad Songs for Dirty Lovers, y Demons, una oda a la depresión en toda regla, con una letra desoladora -”Oh, everyday I start so great/Then the sunlight dims […] When I walk into a room/I do not light it up/Fuck”-. Dos magníficas canciones íntimas donde prima la sencillez y destaca la voz de Matt Berninger, uno de los pilares en los que se sostiene especialmente este disco, aguda y frágil en la primera, telúrica y tenebrosa en la segunda.

Las revoluciones aumentan, sin llegar a estallar, con Don’t Swallow the Cap, la segunda canción que conocimos como adelanto del disco y uno de esos temas que The National borda. La rítmica acelerada y esquiva de la batería de Bryan Devendorf, como los latidos de un corazón en el momento de máxima tensión, acompañan al atropellado recitado de Matt y a un millón de pequeños matices -entre los que sobresale, aunque comedida, la voz femenina que le da réplica, aún no revelada si es la de Sharon Van Etten, St. Vincent o Nona Marie Invie de Dark Dark Dark– que colisionan en un estribillo perfecto.

Nueva vuelta de tuerca hacia terrenos más delicados y directos con Fireproof, donde los hermanos Dessner, acústicas en mano, extienden el manto sonoro sobre el cuál Berninger dispara una de sus letras más vitriólicas -referencia a Elliot Smith incluida-. No sé si han tenido el placer -y el estómago- de leer a Richard Yates, pero después del malogrado escritor neoyorquino, pocas plumas son capaces de diseccionar las partes más oscuras de las relaciones de pareja como lo hace nuestro barbudo frontman. El resentimiento hecho canción.

A continuación le toca el turno a la también ya conocida Sea of Love, donde la banda muestra su lado más fiero y catártico, con un sublime juego de “pregunta-respuesta” con los coros en el crescendo final, donde además de hacernos salivar imaginando cuán poderosa puede ser esta canción en directo, enseñan una característica muy poco reconocida en su música: el sentido del humor -“what did Harvard teach you?”-. Muy negro, claro.

Sin embargo, Trouble Will Find Me bascula claramente hacia los medios tiempos y baladas melancólicas. Heavenfaced y This Is the Last Time Here invitan al oyente a la introspección. Pero mientras que la primera quizás esté entre lo menos destacable del álbum, con un Berninger lanzándose a un estribillo demasiado forzado, propio de otras bandas, la segunda es simplemente una maravilla. Otra vez apuntalada con guitarras acústicas, elegante, desesperada, rica y sutil -la entrada de las cuerdas, la voz femenina, el minuto final, etc-.

En un álbum necesitado de temas que sirvan como contrapunto a tanta quietud, Graceless es maná caído del cielo, con su pulsión turbulenta, letra sombría – “I took the medicine and I went missing”– que rompe en una coda hecha para ser coreada en directo. Himno inmediato. Pero pronto volvemos al tono habitual del disco. Slipped es un tema sencillo construido alrededor del piano, siendo su mayor atractivo la letra de Berninger, deudora -”I don’t any help to be breakable, believe me”- de otro grande de las letras norteamericanas, John Cheever, retratando la sensación de frustración del ser humano contemporáneo en historias cotidianas, aunque Berninger no pierde su sentido del humor -”I’ll try to keep my skeleton in”. Mucho más destacable es I Need My Girl, con las guitarras dibujando una etérea y envolvente atmósfera en otro de los momentos más emocionantes del álbum.

Y llegamos al tramo final de Trouble Will Find Me, donde nos encontramos con Humiliation, el tema más singular, menos reconocible de The National. Una letra disparatada, surrealista -insistimos, el retorcido humor de Berninger sale a la luz definitivamente con este álbum- en una canción con una energía especial, hipnótica y flotante, donde el muy particular estado sensorial del personaje en ella descrito encaja perfectamente con la música, Blue Velvet final incluida.

Más convencional pero igualmente impecable es Pink Rabbits, romántica y emotiva con ese fúnebre piano -la muerte es un tema recurrente en el disco- y ese épico final en el que parece haber tanto esperanza como aprendizaje sobre uno mismo. En cambio, el verdadero cierre del disco llega con la más discreta Hard to Find, solemne y bellamente orquestada, pero poco llamativa tras la anterior.

Comparado con sus tres discos anteriores, Trouble Will Find Me seguramente sale perdiendo, debido a un par de temas que no aportan en exceso y a la acumulación de canciones lentas en un trabajo largo. Ciertamente, los que busquen la visceralidad de Alligator o las fascinantes turbulencias reprimidas de Boxer se llevarán una decepción. También los que esperaban una colección de Bloodbuzzed Ohio o Terrible Love, que les abriera definitivamente las puertas de las listas de éxitos. Pero The National han apostado por seguir su propia senda, decantándose por composiciones complejas donde priman los pequeños detalles y en las que, salvo algunas excepciones, los grandes temas están ahí para ser descubiertos y asimilados por el oyente. En definitiva, quizás no sea una obra maestra, pero sí un disco excelente de una banda única.

 

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