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The National, “Sleep Well Beast” (4AD, 2017)

Autor:  | Google+ | @curtillo

The National es un grupo al que le viene que ni pintado lo de “si lo persigues, lo consigues”. La banda de Ohio, afincada en Nueva York, ha hecho lo que le ha dado la gana desde el principio de su carrera, sin concesiones a nadie, ni a la industria, ni a sus seguidores, logrando una popularidad que muchos pensábamos que jamás llegarían a tener. Así que, aquí estamos, en 2017, ante un nuevo trabajo suyo que, probablemente, la semana que viene, ocupará los primeros puestos de las listas de medio mundo. Algo que nos alegra profundamente, ya que estamos ante otro gran álbum de Matt Berninger y los suyos.

De buenas a primeras, “Sleep Well Beast” no es un disco que entre fácil. Es más oscuro que sus predecesores, tanto en la música como en las letras, y han dado un pequeño giro, metiendo más texturas electrónicas, y dejando que las canciones se desarrollen por sí solas. Gran parte del álbum fluye reposadamente, dejando algunos toques efectistas fuera de juego. Ahí está esa minimalista ‘Nobody Else Will Be There’, que abre el disco sin ningún tipo de sobresalto. O ‘Walk It Back’, en la que hacen experimentos con algún que otro sampler y la electrónica. Una electrónica más que presente en buena parte del álbum. De hecho, la emplean estupendamente en ‘Empire Line’ y ‘I’ll Still Destroy You’, dos temas que van subiendo de intensidad entre un mar de cajas de ritmos y sonidos sintéticos. Aunque eso sí, no se olvidan de que tienen uno de los mejores baterías de la actualidad, y dejan que sea Bryan Devendorf el que se enfrente con sus baquetas a esas cajas de ritmos.

The National son muy listos, y durante todo el verano nos han ido dejando como adelanto las canciones más “fáciles” del disco. Empezaron con ‘The System Only Dreams In Total Darkness’, un tema con un cierto toque continuista, en el que, como novedad, encontrábamos un riff seco llevándose el protagonismo. Siguieron con ‘Guilty Party’ y ‘Carin at the Liquor Store’, dos baladas muy diferentes. La primera reflejaba ese toque más electrónico que luego hemos visto en el resto del álbum, y la segunda, su faceta más clásica; esa en la apenas necesitan un piano y la voz de Berninger para emocionar. Y, para terminar, ‘Day I Die’, el as en la manga rockero del disco, con el que, muy probablemente, lo petaran en sus conciertos.

Quizá, no es un álbum tan redondo como los anteriores, y contiene algún momento más flojo, como es el caso de ‘Born to Beg’, pero es otro disco sobresaliente. Además, se nota que han intentado acercarse a nuevos sonidos (sin alejarse mucho de los de siempre). Ahí está esa ‘Turtleneck’ sucia y guitarrera, que cautiva con su efusivo estribillo. Y si ya nos vamos al tema que le da título y lo cierra, vemos que están adentrándose en terrenos más minimalistas y electrónicos. Así que hay que concederles un extra por intentar no quedarse estancados.

Valoración: 8,1

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