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The Joy Formidable “Wolf´s law” (Atlantic 2013)

Autor: | @sergiomiro

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El título del segundo disco de The Joy Formidable hace referencia a una teoría establecida en el s.XIX por el  anatomista alemán Julius Wolff.


La ley de Wolff (con una “f” adicional, suponemos que omitida por los Formidable para jugar con la iconografía lobezna, ahora que los adolescentes pro-crepúsculo se han convertido en su mayor público potencial) sostiene que los huesos de una persona sana se adaptan y remodelan en base a la cantidad de peso a la que se les somete. Lo cierto es que la propia banda galesa podría presentarse como prueba de que la mentada teoría se puede aplicar a la música, ya que “sus huesos” parecen haberse visto afectados por el roce continuo con Muse (a quienes telonearon durante la gira de su anterior disco). Ya en su debut, The Joy Formidable dieron muestras de querencia a la épica y la grandilocuencia, pero es que ahora se nos han venido arriba, y la notoriedad alcanzada les ha permitido poder permitirse una producción igualmente ambiciosa con arreglos orquestales incluidos (tal y como queda establecido desde el principio con This ladder is ours). Los resultados no terminan de ser del todo convincentes, sobre todo cuando les pueden las tendencias “jeviatas” y acaban pareciéndose peligrosamente a un híbrido entre Evanescence y System of a Down. (Maw maw song es especialmente irritante). Más sugerentes resultan composiciones como Tendons o Forest serenade, donde nos queda la impresión de que debajo de toda la ampulosidad podría haber una banda de shoegaze bastante decente. En cualquiera de esas dos vertientes entre las que se debaten The Joy Formidable, prevalece la contundencia sónica (muy pulida y sobreproducida, pero contundencia al fin y al cabo), con lo cual se agradece la tregua que proporciona la decente balada Silent treatment. Igualmente, llama la atención el tema oculto al final (que por lo visto lleva el nombre que da título al disco), un sorprendente ejercicio de post-rock hiperventilado que hasta parece haber cogido prestados los característicos grititos que Jonsi suelta cada vez que Sigur Ros quieren pisar el acelerador.  
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