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The Flaming Lips “The Terror” (Bella Union – Coop 2013)

Autor: | @sergiomiro

flamingthetherror

Vivimos tiempos inciertos y temibles. Por desgracia, cada día encontramos razones para tenerlo más claro, y si corriésemos el riesgo de pensar lo contrario, ahí está el consejo de Ministros cada viernes para darnos una bofetada de realidad. Pero, sinceramente, muy crudas tienen que estar las cosas si los mismísimos The Flaming Lips se abandonan a la desesperación más nihilista durante la práctica totalidad de un disco que –apropiadamente- han decidido titular The terror.

Hubo un periodo mágico de tres discos de duración –The soft bulletin (1999), Yoshimi battles the Pink robots (2002) y At war with the mystics (2006)- en el que los chicos de Wayne Coyne se encargaron de calmar nuestros miedos existenciales, afrontando cada uno de ellos con una perspectiva luminosa y envolviéndolos en pop de altura; podíamos enfrentarnos a nuestros demonios personales con una llave de kárate pensando que estábamos ante gigantescos robots rosados, o disfrazar la volatilidad de la vida con una melodía tan deliciosa como Do you realize?

Pero el arco iris tenía un lado tenebroso, y a los Lips se les estaban acabando las ganas de explotar su don para el preciosismo lisérgico. Embryonic (2009) ya representó una vuelta a los comienzos más experimentales y psicodélicos de la banda, renunciando a las lindezas del formato canción en más de una ocasión; pero eso era tan solo un calentamiento para lo que han perpetrado ahora.

The terror es un disco que no ofrece esperanza alguna, que se ceba en sus cualidades agobiantes desde la introspección más absoluta. El propio Coyne ha llegado a describir alguno de sus cortes como “la versión sonora de El grito de Munch”. Vamos, que si siguen empeñados en mantener la estructura de sus shows en directo, a ver cómo encajan estas canciones con los confetis y con las danzas de aliens y santaclauses. Disfrutarlo cuesta trabajo, y máxime si se intenta abordar de una sola sentada. Eso sí, quien lo consiga, vivirá toda una experiencia moral y sónica, algo que siempre ha resultado una gran motivación en el trabajo de Coyne y los suyos.

Tampoco se piensen que estamos ante el disco más inaccesible y arisco de la historia. Si hay espacio para las obras recientes de Scott Walker, The terror puede defenderse sin problemas. Por muy oscuros que se pongan, los Lips siempre tienen un don para generar momentos de extraña belleza, algo que aquí ocurre en más de una ocasión. Además, hay que recordar que en la formación pululan grandes músicos (Steven Drozd es de los que sacan magia de todo lo que tocan) y que a nivel sonoro las producciones de Dave Fridmann no suelen decepcionar. Por todo eso, y por el mismo tipo de atracción que nos obliga a mirar cada vez que pasamos al lado de un accidente, The terror tiene bazas para ganarse unas cuantas escuchas. Simplemente intenten no hacerlo en un día de bajona, porque entonces ya no habrá quien les levante del asiento.

 

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