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The Chemical Brothers, “Born In The Echoes” (Virgin, 2015)

Autor:  | Google+ | @curtillo

the chemical brothers

Muy pocos se podían imaginar a The Chemical Brothers en 2015, sacando un disco al nivel de sus primeros trabajos. De hecho, creo que nadie que escuchara su debut allá por 1995, se podía imaginar, incluso, que fueran a durar tanto. El dúo de Manchester es un hijo de los noventa, del sonido Big Beat y de la explosión de la música de baile de aquellos años. Por eso mismo tiene mucho más mérito que, en estos últimos años, hayan conseguido que su música siga llegando a tanto público. Evidentemente, no hacen lo mismo ahora que hace dos décadas, y han conseguido actualizar su propuesta sin perder su identidad. Este “Born in The Echoes es una buena prueba de ello.

Su octavo álbum llega tras cinco años de parón, que sólo se vieron interrumpidos por la banda sonora de la película “Hanna”. En este lustro han tenido tiempo de experimentar con su sonido y llevarlo más allá. Es más, casi se podría decir que este es el disco más “extraño” de The Chemical Brothers. En él hay hits marca de la casa, pero ese afán por intentar hacer algo nuevo les ha llevado a crear canciones que tienen muy poco que ver con su faceta de toda la vida. Sirva de ejemplo ‘Under Neon Lights’, en la que invitan a St. Vincent a una fiesta de percusiones extrañas, y juntos crean lo que es un anti-hit en toda regla. Lo bueno es que es un corte que termina enganchando. Pero si hablamos de rarezas, hay que mencionar ‘I’ll See You There’. Aquí parece que van a hacer su enésima revisión del ‘Tomorrow Never Knows’ de los Beatles, pero en su lugar nos encontramos con una pequeña locura en la que incluso se atreven con algún toque de free-jazz. Y también tenemos que mencionar la peculiar ‘Taste of Honey’, en la que sí se les va un poco la mano con la experimentación.

En un disco de The Chemical Brothers no pueden faltar los hits, tanto si sirven para bailar como si no. Aquí hay media docena, entre los que destacan ‘Sometimes I Feel So Deserted’, con la que es imposible no lanzarse a la pista de baile, o ‘Go’, en la que se dejan ayudar por el rapero Q-Tip y se sacan de la manga todo un pelotazo Hip-Hop bailable. Y para los que echen de menos a los Chemical de los primeros tiempos, nos dejan ‘EML Ritual’ y la enorme ‘Reflexion’.

Si hay algo que siempre le ha funcionado a The Chemical Brothers son las colaboraciones con otros artistas. Sus canciones con Noel Gallagher, Wayne Coyne, o Beth Orton ya son clásicos de nuestros días, y en este trabajo añaden otras dos que pueden llegar a serlo. La primera es el tema que da título al álbum, un corte casi pop en el que Cate Le Bon pone la voz y se deja seducir por la electrónica más analógica. Pero lo mejor viene al final, que es cuando Beck entra en escena. Con ‘Wide Open’ se han apuntado el tanto más grande de sus últimos trabajos. En ella han llevado a su terreno la melancolía que impregnaba el último trabajo del californiano, y han creado la canción perfecta para bailar y llorar a la vez. Una auténtica delicia que ya tiene un hueco entre lo mejor de 2015.

Tom Rowlands y Ed Simons pueden sentirse orgullosos de su octavo retoño, porque con él demuestran que tienen cuerda para rato y que su música sigue teniendo tirón.

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