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The Afghan Whigs, “In Spades” (Sub Pop/Popstock!, 2017)

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Pasan los años y resulta asombroso (y satisfactorio) comprobar como Greg Dulli conserva -vigente, actualizada, y absolutamente intacta- esa capacidad suya para inquietar y agitar almas en base a su música. Un toque que el vocalista siempre ha demostrado, ya fuese a través de su carrera en solitario, con el proyecto The Twilight Singers y, por supuesto, liderando ese tótem de la aspereza que fueron The Afghan Whigs en los noventa.

Precisamente el músico recuperó su proyecto más celebrado hace justo tres años, con la publicación del acertado “Do To The Beast” (Sub Pop, 14), y presenta ahora una continuación que ya es el octavo álbum de estudio de la formación. Una entrega en la que la bestia vuelve a revolverse y manifestarse en plenitud de facultades, canalizando toda su rabia y potencia sonora en canciones de tres o cuatro minutos. Unas maneras expeditivas que, sin embargo, resultan perfectamente medidas y cuidadas para dotar de fondo a todo ese nervio visceral. Ésa es precisamente la mayor virtud de Dulli y compañía: capear una elegancia nada convencional con lo abiertamente expeditivo de su propuesta. La presente obra comienza avisando tras poner en guardia al oyente con el medio tiempo “Birdland”, para inmediatamente después soltar el primer puñetazo directo al mentón concretado en “Arabian Heights”. A partir de ahí se suceden los golpes secos del tipo de “Toy Automatic”, “Copernicus”, “Light As A Heather” o “I Get Lost”, alternados con piezas emocionantes como “The Spell” o “Demon In Profile”.

Un conjunto de motivación desbocada y épica oscura, que también insinúa cierta madurez natural y creíble capaz de favorecer al grupo. Imposible además no caer seducido ante la desgarradora interpretación vocal de Dulli, surgida directamente desde la boca del estómago y de arrebatadora sinceridad. El sexteto reaparece ardoroso, realista, angustioso y, por supuesto, intenso, para confirmar la solidez de su retorno y también la necesidad de recuperar toda su furia. Ésa capaz de agitar la escena. Como en los viejos y buenos tiempos.

Valoración: 8,2

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