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Suuns + Jerusalem in my Heart, Suuns and Jerusalem in my Heart (Secretly Canadian 2015)

Autor: | @bohemian_corner

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Montreal ha sido el punto de encuentro entre dos formaciones aparentemente inconexas, cuyo discurso sonoro es tan complejo que incluso cuesta encontrar paralelismos sin regresar a días de Kraut y rosas. Por un lado, Suuns, cuarteto canadiense que ha virado desde una postura más indie con su ópera prima – Zeroes QC – a latitudes mucho más oscuras en las que sintetizadores, electrónica y guitarras dan una vuelta de tuerca al celebrado art-rock. Por otro, el músico libanés Radwan Ghazi Moumneh aka Jerusalem in my Heart, clave en la escena experimental de Beirut y Líbano tras su largo Mo7it Al-Mo7it, tan inclasificable como interesante.

Pues bien, hace un par de años comenzaron a experimentar juntos en tierras canadienses, y de dicha colisión de estilos e influencias ha surgido este álbum, de apenas 35 minutos, 7 canciones, (las mismas que en el Mo7it Al-Mo7it) y una clara premisa: la ausencia de límites.

El viaje comienza con 2amoutu l7tirakan, con un inicio que evoca a Jean-Michel Jarre y Boards of Canada y termina con sonidos más cercanos al post-rock , muchas capas, sintes e hipnotismo para crear quizás la canción más redonda del disco. Tras ella, Metal se aleja de los mencionados tintes electrónicos para ofrecernos un festín de distorsión y guitarras sobre una melodía de clara procedencia oriental. Self es una creación tan extraña como bella. Vocales confluyen con difusos sintetizadores y a través de repetición y trepidante ritmo logran cerrar un complejo círculo.

En el ecuador, In Touch, iniciada con un sutil bombo 4×4 y melodía en contínua envolvente que fusiona con voces femeninas alejadas de la luz. Gazelles in fight es un homenaje actualizado al krautrock y aquellos grupos de los 70 como Ashra o Roedelius y sus imposible estructuras, mientras que Leyla baja de revoluciones recordando a los experimentos más relajados de Bauhaus aunque desde un prisma más indie.

El álbum acaba con la misma intensidad que comenzó, riffs y distorsión que vuelven a conectar Canadá y Oriente de manera sorprendentemente acertada.

Uno de los discos más arriesgados de lo que va de año. Revisitar lo más abstracto de los 70 y actualizarlo a base de artrock y ambiente psicodélico ha dado lugar a una obra que roza el notable y que seguro fascinará a James Holden. Seguiremos muy de cerca esta marciana coalición.

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