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Sufjan Stevens, “Carrie & Lowell”, (Asthmatic Kitty Records, 2015)

Autor:  | Google+ | @curtillo

sufjan stevens - carrie & lowell

La infancia, las experiencias vividas, o las relaciones familiares son algunos de los temas a los que más recurren los músicos en las letras de sus canciones. Sufjan Stevens no es una excepción, y no es raro toparse con un torrente de intimidad en sus letras, aunque nunca tanto como en su último trabajo. En “Carrie & Lowell” no sólo ha utilizado el nombre de su madre y de su padrastro para titularlo; también se ha dejado llevar por sus emociones y ha conseguido plasmarlas a sus canciones, logrando así uno de los discos más bonitos y conmovedores de los últimos años.

Cuando Stevens anunció una vuelta al folk de sus comienzos, fueron muchos los que lo celebraron, quizá esperando un nuevo “Illinois”. Pero el norteamericano ha ido mucho más allá y ha elaborado un disco de folk puro, sin apenas golpes de efecto, en el que ni siquiera ha tenido la necesidad de meter baterías. Su voz, su guitarra, y algunos teclados discretos le valen para llevar a cabo su plan maestro (la primera grabación de estos temas la hizo con un iPhone en la habitación de un hotel).

Carrie & Lowell” empieza golpeando en lo más hondo. ‘Death with Dignity’ es una canción con un halo pesimista, en la que Stevens parece que deja atrás las cuentas con sus seres queridos (“I forgive you, mother”) y se despide del mundo con ese “You’ll never see us again” con el que termina este desgarrador corte. Musicalmente, es una de las canciones más simples del disco, y tiene un sonido cercano a los Simon & Garfunkel más intimistas. Esta misma influencia se deja ver a lo largo de todo el álbum, y canciones como la minimalista ‘Eugene’ o ‘The Only Thing’ beben mucho de la banda que en los setenta hizo el mejor folk comercial. Pero Sufjan no se queda ahí.

Una de los puntos fuertes de este disco es el sonido. Aunque su instrumentación es escasa, el de Brooklyn consigue sonar grande, como si tuviera a toda una orquesta respaldándole. Lo podemos comprobar en ‘Should Have Know Better’, un corte que va subiendo de intensidad y llega a la perfección a mitad de camino, cuando entra un teclado que va cobrando protagonismo segundo a segundo. Con ella, Sufjan Stevens llega a lo más alto de este álbum y, quizá, de su carrera. Pero el resto de cortes del disco no se queda a la zaga. Ahí está ‘All of Me Wants All of You’, el tema que viene inmediatamente después. En él deja que los paisajes de teclados fríos y melancólicos se fusionen con una triste guitarra acústica, logrando así un corte realmente emocionante. Y si hablamos de teclados, hay que mencionar la oscura ‘Fourth of July’, donde son los protagonistas absolutos (aunque sean unos teclados tímidos, que parecen no querer molestar). También en ‘John My Beloved’ los teclados son los protagonistas.

Sufjan Stevens no baja la guardia en todo el disco; ni siquiera al final, donde nos deja otros dos grandes cortes, como ‘Carrie & Lowell’ y ‘No Shade in the Shadow of The Cross’. La primera la podemos emparentar directamente con ‘Should Have Know Better’, y es la canción más animada de todo el disco. En la segunda vuelven a sobrevolar las influencias de Paul y Art, y nos vuelve a dejar con el corazón en un puño.

El tiempo dirá si “Carrie & Lowell” es el mejor disco de Sufjan Stevens, pero por ahora tiene muchas papeletas. Y ya tiene un puesto en lo más alto de 2015.

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