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Stromae, Racine Carrée (Universal 2014)

Autor: | @sergiomiro

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Ha caído en gracia el amigo Paul Van Haver entre la comunidad indie de nuestro país. Su rostro cubre portadas de revistas señeras, y hasta se garantizó un hueco en el Primavera Sound. Y eso que su propuesta y el estatus que ha alcanzado en los países francófonos tiene poco de indie y supera los números de una Lady Gaga o una Beyoncé cualesquiera.

Debe de ser el factor exótico de unos himnos en francés abiertos a toda la influencia global que se le ponga por delante (desde la chanson hasta la música africana, el hip hop, el electro, el house más machacón, e incluso la música clásica, como puede escucharse en su particular versión del Carmen de Bizet); y sobre todo ha de deberse al talento natural de este espigado belga, un artista total que se responsabiliza de la producción, la composición, y la interpretación de sus complejas grabaciones.

Cada una de sus canciones son sofisticadas maquinarias de precisión popera que soportan el escrutinio del escuchante exigente sin llegar a desentonar si acaban sonando en el punto álgido de la noche en cualquier terraza de moda.

Por si fuera poco, como se le ha de exigir a cualquier megaestrella de pop, nuestro hombre ha comprendido perfectamente el valor de una imagen. Su producto también se identifica a la primera desde lo visual, puro colorido bañado de contemporaneidad, un concepto que multiplica su impacto al ser puesto en movimiento en unos clips que cuentan sus visitas por millones.

Y eso que la mayor parte del público español y del público internacional al que va conquistando con silente contundencia se pierde el otro factor crucial de su éxito: unas letras que, sin apelar al lloriqueo o a la falsa épica, no dudan en tocar asuntos delicados de la vida personal de Stromae o del lado más favorecido de su contexto social.

Si tu puerta de entrada fueron singles incontestables como Ta fête, Papaoutaí o la maravillosa Formídable, has de saber que este Racine carrée (“raíz cuadrada” en francés, en consonancia con el personaje didáctico que dio nombre al Mae-stro/Stro-mae) tiene muchas más de esas, quizás a un nivel ligeramente inferior (no se puede mantener algo así durante 12 canciones), y es la tarjeta de presentación perfecta para un artista al que parece quedarle mucho por decir.

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