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Still Corners, “Strange Pleasures” (Sub Pop, 2013)

Autor:  | Google+ | @curtillo

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¿Conocéis la historia de cómo se conocieron Still Corners? Según cuentan ellos mismos, se encontraron en una fría y nublada noche londinense. Eran los únicos que quedaban en un autobús que había llegado al final de su recorrido. El dúo se ha encargado de difundir la historia por los medios de todo el mundo, para dar un toque de misterio a su música. Tengo que reconocer que yo no me la creo, pero me parece genial que les haya funcionado tan bien. Principalmente porque esa escena que visualizamos en la historia nos describe lo que nos encontramos en sus discos: un pop frío y ensoñador, a veces intrigante, que te hace escuchar su música una y otra vez. En su segundo trabajo hay algún cambio en la forma de ejecutarlo.

En “Strange Pleasures” cometen un pequeño error nada más empezar. Bueno, nada más acabar los primeros seis minutos, que es lo que dura The Trip. El tema te atrapa desde que entra una preciosa guitarra desnuda, y ya no te suelta hasta el final. Me ha recordado mucho a lo último que están haciendo Chromatics, y eso solo puede ser bueno. ¿Dónde está el error? Pues en los dos siguientes temas, que no hay por dónde cogerlos. Resultan tediosos. Ni la voz de Tessa Murray consigue salvar dos canciones que aburren demasiado. Pero no pasa nada, porque todavía estamos en el principio y queda mucho donde rascar. De hecho, más arriba comentaba que había cambios, y partir de All I Know es cuando se empiezan a notar. Se han aliado con los sintetizadores, con sonidos más propios de los ochenta, y les ha venido de perlas. Lo que han hecho es adaptar su música a este sonido y no se han ido hacia otras historias. Fireflies es un buen ejemplo de esto, y otra prueba de que se han fijado en la banda de Portland para hacer este disco, ya que volvemos a encontrar ese sonido sintético en una canción que es dream-pop de manual: muchas capas de teclados y una clara tendencia a llevar los sintetizadores al primer plano. Pero si hablamos de sintetizadores en primer plano, no se nos puede olvidar Berlin Lovers. Aquí se van al electro en un delicioso tema al que sólo le pongo una pega: es demasiado corto. Casi parece que está sin desarrollar, y acaba con un fade-out que no le hace ninguna justicia. Este tema y Beatcity, donde se van directamente a la pista de baile, son las dos canciones que más se salen de la línea del disco.

Otro problema que tiene este trabajo es que, a veces, resulta un tanto repetitivo. Las explosiones de teclados que abundan en Future Age, terminan saturando un poco y no dejan que la canción se luzca como es debido. Algo que sí hacen en Going Back To Strange, canción sin artificios, prácticamente desnuda, que funciona muy bien. De hecho, es de lo mejor del disco. Y si antes nos encontrábamos de reojo con Chromatics, en Midnight Drive nos damos de bruces con ellos (hasta el título nos recuerda a ellos), en una muy buena imitación. Además, para acabar el disco vuelven a ser ellos mismos y, en el tema que le da título, nos dejan otro de esas canciones intrigantes y misteriosas.

Pecan de irregulares y, aunque veces son algo repetitivos, intentan no estancarse en un estilo determinado, lo que les da unos cuantos puntos extra.

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