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Spiritualized, “And Nothing Hurt” (Bella Union, 2018)

Autor:  | Google+ | @curtillo

¿Sería muy descabellado tachar a Jason Pierce de genio de la música? El líder de Spiritualized es uno de esos artistas que no fallan, y con cada obra que edita engrandece su discografía, por lo que no sería muy entusiasta elevarlo hasta esa categoría. Sobre todo, tras escuchar “And Nothing Hurt”, el que es su último trabajo, y también su último tour de forcé. Y es que, casi se vuelve loco componiendo y grabando este trabajo, el cual ha hecho íntegramente en un estudio en su casa y de la forma más austera posible. Es más, cuenta que tuvo que aprender muchas cosas del mundo de la tecnología y que estuvo a punto de tirar la toalla unas cuantas veces. Algo que, afortunadamente, no ocurrió.

Una de las metas de Pierce para este disco, era captar el sonido y las atmosferas de sus directos de la forma más barata posible. De ahí que él mismo se haya encargado absolutamente de todo, en lo que ha producción y composición se refiere. Y lo ha conseguido, porque estamos ante un álbum con un sonido inmenso, de esos que te envuelven durante tres cuartos de hora y no te sueltan. Es más, resulta casi increíble que lo haya grabado en su casa.

And Nothing Hurt” es otro viaje sin paradas que nos ofrecen Spiritualized. Aquí no vale saltarse una canción y pasar a la siguiente, lo suyo es sumergirse y dejarse llevar. Desde el principio, con la preciosa ‘A Perfect Miracle’, Pierce y los suyos, te meten en su mundo; ese en el que los paisajes ensoñadores, las orgias psicodélicas y los sonidos góspel, se dan la mano. La combinación es la misma de siempre, pero no por eso deja de resultar atractiva. Sus canciones siguen funcionando a la perfección, y no hay quién les gane a la hora de sacar un himno. Ahí está la imponente ‘I’m Your Man’, con ese solo de guitarra desgarrador; los sonidos cercanos a los Beach Boys más lisérgicos en ‘Let’s Dance’ y ‘The Prize’, que son absolutamente maravillosas, o ese space-rock orquestal y épico que tan buenos resultados le ha dado en su carrera, y que aquí está muy bien representado en ‘Here It Comes (The Road) Let’s Go’ y ‘Damaged’.

No todo es delicadeza en este trabajo, también tienen tiempo para epatar con sonidos más crudos y ruidosos. Además, por partida doble. Tanto ‘On The Sunshine’, como los casi ocho minutos de ‘The Morning After’, son dos auténticas orgias sonoras, donde las flautas, las guitarras, las trompetas, las guitarras, y los órganos, echan un pulso para ver quién logra sonar más alto y más fuerte. Dos derroches de psicodelia a los que es imposible resistirse.

Después de escuchar esto disco, ¿hay alguien que se atreva a decir que Jason Pierce no es un genio? Desde luego, yo no.

Valoración: 8,5

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