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Sohn, Tremors (4AD 2014)

Autor: | @sergiomiro

sohncaratula

El estallido del punk a finales de los 70 animó a cualquier jovenzuelo sin futuro aparente a coger una guitarra y a soñar con tener algo que decirle al mundo.

Ahora podríamos decir que el reconocimiento global de James Blake –unido al encumbramiento de Justin Vernon como ideal hipster de cantautor contemporáneo de culo inquieto- ha sido el resorte necesario para que se abriesen las puertas de muchas habitaciones en las que hipersensibles jóvenes pasaban horas retocando ante un ordenador sus bases musicales.

Destacar en esta suerte de indietrónica oscura que encabeza Blake no es tan sencillo ni tan “democrático” como podía serlo el punk. Es tanta la cantidad de información que nos llega al respecto, que como mínimo exigimos al aspirante que posea un talento especial para generar piezas de cierta pericia sonora, y sobre todo que goce de una buena voz. Han de ser capaces de “enblanquecer” algunos quiebros vocales propios de la música negra, y de llorarnos con estilo tanto con su voz natural como con algún tipo de falsete que dé contrapunto a esos subgraves tan impactantes.

El londinense Sohn cumplimenta los requisitos, lo suficiente como para haber conseguido estrenarse a través del sello 4AD, lo cual ya le sitúa en posición ventajosa. La culpa de esta atención de entrada la tiene una canción como The wheel, con unos característicos samples vocales que hacen de instrumento principal (un truco que se repite con efectividad en otros tramos del disco), y con un ritmo enrevesado que en ningún momento hace concesión a la estabilidad que requeriría la pista de baile.

Sohn no parece tener intención de hacernos bailar, sino más bien de utilizar en su paleta algunos de los colores con los que la música electrónica ha ido conquistando los reticentes corazoncitos del público indie medio.

Su música es mucho menos críptica (y menos creativa, todo sea dicho) que la de Blake, pero las comparaciones van a ser inevitables. En todo este Tremors tampoco vamos a encontrar ningún elemento definitorio con el que Sohn pueda ganarse un puesto como referente. De momento se queda en seguidor de lujo, una aportación más a una escena creciente de la cual, cuando pasen los años, sólo quedarán aquellos que realmente tenían ideas propias y habilidad para materializarlas.

Justamente, el estribillo de The wheel parece una consciente respuesta a lo que se le podría achacar a este debut:

“All this fuss over nothing
Reinventing the wheel
All this searching for something that’s not real”

Sin “reinventar la rueda”, como él admite, Sohn pide un hueco en tus auriculares. Ya veremos cuánta huella es capaz de dejar.

 

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