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Sam Roberts Band, Lo-Fantasy (Paper Bag Records 2013)

Autor: | @sergiomiro

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No todo artista sajón que triunfe a lo bestia en su país de origen lo tiene igual de sencillo para internacionalizar su éxito, algunos parecen toparse con una frontera más gruesa de lo habitual. Es el caso de Sam Roberts, quien lleva desde el 2002 siendo un fenómeno de ventas en Canadá (con algún que otro record y con numerosos premios incluidos) sin que el resto del mundo quiera tratarlo como algo más que una divertida anécdota.

Llegados a este punto, no hay razones para creer que algo cambiará su estatus, pero lo cierto es que Lo-Fantasy parece diseñado expresamente para detonar todo aquello que restara ser detonado.

Shapeshifters abre fuego entre la música disco, el funk ligero y el pop. Con ciertas excepciones como las rockeras y espídicas Kid Icarus y Human heat, ese es el estilo y el ritmo que va imperando en casi todas las canciones del disco.

Lo primero que llama la atención es la producción, a cargo del ya veterano Flood, quien aplica aquí muchos de los trucos que tanto le lucieron en el Holy fire de Foals, hasta el punto que a veces parece que estemos escuchando una versión más luminosa de ese disco.

El sonido rudo y directo de la banda queda atrás para ser cambiado por un pulido y contundente sonido que casa guitarras, sintetizadores y algún ritmo programado (o de baterías reales tocadas con precisión maquinera). Resulta curioso que, tras haber añadido el “Band” a su nombre hace un par de discos, Sam Roberts vaya progresivamente sonando cada vez menos a banda y más a estudiado proyecto de artista en solitario.

A su manera, el giro de Sam Roberts podría antojarse parecido al que dieron Arcade Fire con su Reflektor, solo que a Roberts no parece haberle hecho nunca falta ninguna excusa “arty”. Su verdadero talento está en hacer “feel-good music”; eso sí, con gran versatilidad en sus composiciones y con un instinto popero que parece heredado de la mejor escuela británica (hay temas suyos que podrían estar en discos de Supergrass, y otros….ejem, otros en discos de Kula Shaker).

Menos entusiasmo generan los temas de vaivén reposado y placentero como Never enough (peligrosamente cerca del “territorio UB40) o Chasing the light, dos lastres finales para un disco que, por otro lado, deja un poso entretenido en nuestras orejas, nos invita a algún baile en el que caben guitarras, y tiene serias opciones de dignificar lo que se puede entender como música comercial en esta década.

 

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