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Ry Cooder, “The Prodigal Son” (Fantasy Records, 2018)

Autor: | @sergiomiro

Hay muchas caras de Ry Cooder: la del experimentado guitarrista de sesión; la del autor de áridas bandas sonoras de alta cualidad evocadora; la del trotamundos a través del que viejas glorias de Cuba o África han encontrado un escaparate en el que amplificar su legado… Tal es el impacto de todos estos roles, que a veces corremos el riesgo de pasar por alto su propia discografía en solitario, con cerca de treinta trabajos que rara vez ofrecen algo mediocre o pasable. En los últimos años, muchos de esos discos han tenido un carácter conceptual, ya fuera político o social, ofreciendo prácticamente una versión de raíces de lo que en su momento dimos en llamar “óperas rock”. “The Prodigal Sonno se ciñe a esos caprichos narrativos, y esa libertad va a favor de la impresión general que genera. Sí que salta al oído una cierta temática general, en torno a la religión o, mejor dicho, a la reverencia y la dedicación que forma parte de todo sentir religioso profundo.

Como reconocido ideólogo izquierdista, Cooder no es precisamente un defensor de ninguna institución religiosa, pero sabe admirar el gran legado musical que han ido dejando los devotos a través de estilos musicales como el gospel, el blues o el bluegrass. Su dios particular son las canciones, y a ellas se entrega en cuerpo y alma, extrayendo de ellas, en su gran parte con varias décadas de antigüedad, una energía renovada digna de ser paladeada en la era de los smartphones. Es más, algunas de sus piezas elegidas, sirven para ser acopladas a sus ya conocidas agendas políticas, como ‘You must unload’ y su arenga contra los “cristianos que aman el dinero y no pagan su parte”, fácilmente aplicable a aquellos que combinan la defensa de los valores religiosos con la aplicación de despiadadas políticas neoliberales.

Aunque encontramos aquí algún blues muy conocido como el ‘Nobody´s fault but mine’ (que hará mucho “tilín” a los que siguen escuchando en su cabeza la música de París, Texas cuando piensan en Cooder), gran parte de las piezas son patrimonio exclusivo de arqueólogos de la música tradicional americana, por lo que pueden ser escuchadas como nuevas. La cosa se adereza con un trío de composiciones originales, donde la temática se abre un poco más y donde se pueden abordar de manera más o menos explícita las sombras de la administración Trump y otros temas de debate de rabiosa actualidad (‘Gentrification’ plasma mordazmente lo que promete en su título)

Es de justicia reservar un último comentario para Joachim, el hijo de Ry. Lleva acompañando a su padre desde hace ya muchos años (podemos verle atreverse con la percusión siendo un pipiolo junto a las leyendas cubanas en la película Buena Vista Social Club), pero de un tiempo a esta parte ha ganado su propio espacio en la ecuación, no ya solo como excelente baterista (escuchándole resultaría fácil confundirle con el enorme Jim Keltner, viejo colaborador de su padre), sino también como muy solvente e imaginativo productor. A él se debe gran parte de las ambientaciones y los loops que salvan al disco de un posible anquilosamiento purista. Escúchese como ejemplo los ritmos a base de sonidos de la construcción en la mencionada ‘Gentrification’, o los efectos que elabora a partir de la guitarra de Ry en el infeccioso tema que da título al disco.

Valoración: 8

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