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Rusos Blancos, “Museo del romanticismo” (I*M Records, 2016)

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Rusos Blancos lo han vuelto a hacer. Tenemos entre manos un disco de pop con mayúsculas, una sucesión de temas desprejuiciada, ecléctica, y rica en matices. Reaparecen con cambios en la formación (Elisa Pérez se ha ido de la batería, que retoma Pablo Magariños), y con Joaquín Pascual a los mandos de la producción.

Tras el ejercicio de estilo electropop que fue “Crocanti” (2015), en “Museo del Romanticismo” el sonido de cada canción es un mundo. Un denominador común las une a todas: letras hiperrealistas que hablan de relaciones de pareja a veces amables pero desequilibradas, que están abocadas a la inmolación, al fracaso más absoluto, y a uno de los dos contrincantes amantes destrozado y despedazado en mil trozos. De la misma manera en que La Casa Azul es el máximo exponente de bailarse la bajona, Rusos Blancos lo es de tarareársela de forma despreocupada.

Imperan ritmos traviesos, pop clásico con estructuras burlonas, y melodías muy pegadizas. ‘Insuficiente’, uno de los temazos, es buen ejemplo. Pistas con muchas capas que atesoran memorables subidones de intensidad (atención a ‘Más difícil todavía’) y  arreglos de pop puro, con panderetas, bajos prominentes, rasgueos de guitarra setenteros (‘No soy esa clase de hombre’)… La personal voz de Manuel cobra especial protagonismo, a la vez solemne, cabrona y resignada a los hechos que va narrando. Un uso muy preciso de los teclados redondea las canciones.

Los coros, uno de los santo y seña de esta banda, de nuevo juegan un importante papel en el conjunto. Laura Prieto y Elisa Pérez (ha dejado de tocar la batería con ellos pero sí que ha colaborado con coros) entonan sus voces con notas bien altas para acompañar y ejercer de contrapunto a la voz principal. Como siempre sucede con su ejecución y momento de aparición en las canciones, son esenciales para el sonido Rusos Blancos.

Ellos hablan de influencia de referencias a Pale Saints, The Housemartins y Prefab Sprout. Los amantes del pop más juguetón encontrarán incluso pinceladas de sonido Hi Hau USB o de los Architecture in Helsinki de mediados de los dosmiles, y si no probad a escuchar ‘Damas de la Nobleza’. En ese mismo tema y en ‘Lo noto’, Manuel puede recordar a la spoken word de Abraham Boba en León Benavente, o de Nudozurdo del hijo de Dios.

Todas las canciones están compuestas por Javier Carrasco (Betacam) y Manuel Rodríguez, excepto ‘Sábanas nuevas’, que lleva la firma de Iván Jávega, quien siempre aporta algún pildorazo pop con un sonido más orgánico y elegantón. Se aprecia una mayor contundencia de la electrónica en canciones como ‘Cada Vez más Cadáver’, que empieza con ritmos dramáticos y los combina con fragmentos netamente pop.  Un corte que logra una elegancia también marca de la casa, si cabe acentuada por la excelente combinación agitada -que no mezclada- de ingredientes sonoros. A la hora de destacar unas canciones sobre otras, resulta complicado y creo firmemente que este disco es para escucharlo entero. Son temas que se complementan, se engarzan, y que proporcionan un viaje por recovecos del ser humano a todos los niveles, con rincones oscuros y destellos luminosos.

Una sucesión de canciones cuyas letras abundan en errores, actuaciones no del todo honestas en pareja, soledades compartidas, miedo, y los designios de las llamadas de la naturaleza y de la cama. En crudo, en frío, vuelve el hombre triste en su máximo esplendor. Rusos Blancos describen como nadie esa cómoda red en la que caer regodeándose en la tranquilidad de que todo salga mal, y el miedo a que algo salga bien. Todo ello musicado con melodías agradables que ayudan a convivir con la placidez de saber que no vamos a estar peor, y con la despreocupación de quien no espera nada de sí mismo ni de los demás.

“Museo del Romanticismo” es un disco que entra desde la primera escucha, que entretiene, y que, aviso, puede doler al escuchar pero no al mirar: el packaging es obra de Elisa y es precioso. De nuevo un álbum muy costabravista en su concepto, pero con puro sonido Rusos Blancos. Un paso más en la evolución de esta banda en el territorio de la canción pop personalísima pero de vocación universal. Es música que podría gustar a cualquier persona. Confiemos en que su incorporación al sello I*M Records haga posible ese mayor alcance que les corresponde por derecho y sonido. El grupo de pop ultrapersonal soñado. Ojo que este no es su álbum de confirmación: llevan confirmados varios discos ya.

Valoración: 8,5

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