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Ruby Throat, “Stone Dress” (One Little Indian, 2018)

Autor: | @sergiomiro

KatieJane Garside tiene ganas de salir a la superficie. No sabemos cuánto, ni si aguantará mucho tiempo a la luz de los focos, por lo que hay que aprovechar la ocasión que nos brinda el sello One Little Indian publicando este “Stone Dresss”, una suerte de recolecta de algunas de las piezas que su proyecto Ruby Throat ha ido grabando y publicando desde la más estricta artesanía e independencia a lo largo de la última década.

Hay que hacer algo de historia, y no es sencilla de documentar, pues no abunda información sobre Garside en las redes, a pesar de que sus bandas Daisy Chainsaw y QueenAdreena gozan de merecido culto dentro de lo que fue la escena noise y punk británica de los 90. No en vano, dicen las crónicas que Courtney Love llegó a reconocer que Garside fue una de las precursoras originales del movimiento riot grrrl. Pero la cosa nunca duró lo suficiente como para que la huella profundizase. Espantada por las presiones de la celebridad y hastiada del volumen y el griterío constante que le demandaban esos proyectos, Katiejane desapareció y dio la espalda a la industria musical.

En 2008 conoció al que ha acabado siendo su pareja sentimental, espiritual y musical, el guitarrista Chris Whittingham, de quien quedó prendada de manera casi mística desde el día que le escuchó tocar (sin verle siquiera) en un andén de una estación de metro londinense. Semanas después, KatieJane reunió la determinación para volver a esa estación y proponerle unir sus caminos artísticos. Que hayan acabado formando una familia y comprando un barco con el que han recorrido medio mundo en los últimos años, puede parecer un argumento de una inverosímil novela romántica, pero así han sido las cosas.

Lo que nos llega es, consecuentemente, una música que se hizo y se siente en plena libertad. Beben del folk y del blues, con una serenidad evocadora que les ha valido alguna comparación con Cocteau Twins, pero incluso en sus pasajes más calmos evitan el candor gratuito, como delatando que en KatieJane aún vive una bestia punk (por no hablar de algún tema como ‘Dog Song’, donde la bestia despierta del todo y nos deja una mordida que bien podría haber salido de algunos de los discos más rabiosos de PJ Harvey).

Predominan, sin embargo, los ambientes desnudos, tejidos con guitarras acústicas y puntuados por algún golpe de slide, si bien en algún que otro tema escuchamos algo parecido al sonido de una banda o, en su defecto, algún ritmo programado de andar por casa, casi como ideado para los shows a dúo que les han ido sustentando en conciertos de escala minúscula allá donde encontraban un escenario. La pareja no parece tener excesivo interés en salir de ese caparazón, pero este disco es la prueba de que, con el altavoz adecuado, su propuesta elegante y desgarradora puede tocar más de un corazoncito.

Valoración: 6,6

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