Publicidad

Richard Dawson, “Peasant” (Domino, 2017)

Autor: | @sergiomiro

Que alguien tan singular como Richard Dawson acabe siendo reconocido en nichos más allá de la escena de folk británico en la que comenzó, ya es motivo de sorpresa. Que esa inminente consagración llegue con su sexto disco, una obra temática basada en historias del medievo en el norte de Inglaterra, puede parecer incluso más chocante. Pero es que a veces las combinaciones de factores más exóticos pueden dar con la llave para llamar la atención del público, y “Peasant es un trabajo realmente magnético y meritorio.

A pesar de basar muchas de sus composiciones en investigaciones sobre las raíces y leyendas más ocultas de su tierra, Dawson tiene muy poco de purista o de tradicionalista. Uno de sus méritos es conseguir trasladar al lenguaje eminentemente acústico y folclórico un brío aventurero digno de bandas como Radiohead, Alt-J y demás adalides de la vanguardia del pop electrificado contemporáneo. De hecho, su mezcla de inquietudes y el “britanismo” exacerbado de su personalidad artística ha inducido a que muchos vean en él al sustituto natural de un Robert Wyatt ya prácticamente alejado de los focos.

Puede que “Peasant” sea su trabajo más logrado e impactante, y eso a pesar de que el disco nos saluda con ‘Herald’, un instrumental en el que unos metales pervierten y deconstruyen casi hasta el ridículo la clásica fanfarria medieval con la que la historia y las películas nos han enseñado que empezaban los grandes eventos de la época.

A partir de ahí llega Dawson el trovador, con una guitarra acústica desvencijada cuyos defectos son potenciados más que ocultados. De hecho, se ha puesto especial cuidado en hacer que los instrumentos suenen en toda su crudeza, convirtiendo trasteos, crujidos y traqueteos de las cuerdas en un instrumento percutivo más.

Comparten protagonismo con Dawson su antiguo colaborador Angharad Davies al violín, y Rhodri Davies al arpa, ambos haciendo un uso totalmente atípico e irreverente de sus respectivos instrumentos. Igualmente importante en esta narración de la edad media es el coro de seis voces, que mezclan populismo y armonía, consiguiendo un efecto parecido (y más logrado, si cabe) al que PJ Harvey perseguía con su último disco. Cuando todos ellos suman las palmas a sus cantares, el disco llega a sus momentos más eufóricos (insuperable, sobre todo, el final de ‘Weaver’, uno de los puntos álgidos no sólo de este trabajo, sino del año), acercándose de paso, en una cabriola de mestizaje perfectamente disimulado, a una de las influencias más aireadas por Dawson: la música Sufi.

Valoración: 8,5

To Top