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Ramírez, Book of Youth (Demian Records 2015)

Autor: | @sergiomiro

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Ramírez es un apellido excesivamente común en el listín telefónico, de esos que muchos artistas deciden obviar en su nombre oficial, en favor de algo más glamouroso y memorable. Víctor Ramírez optó por todo lo contrario, haciendo de marca oficial de su apellido para presentarse al mundo en solitario.

Hay algo en perderle el miedo a lo cotidiano, que nos hace descubrir nuevas perspectivas y matices maravillosos en lo que nos rodea. Y Víctor no sólo lo ha aplicado a su DNI artístico, sino también a su manera de entender la música (aunque los demonios ocultos en los buscadores de Google le hayan obligado a recular ligeramente con la reciente modificación hacia Ramírez Exposure, por aquello de ser más accesible a golpe de click).

Book of Youth es un disco que tira de sencillez y pide atención para aquellas cosas que a veces damos por sentadas, cuando no deberíamos. Cosas como una melodía con encanto, como un buen rasgueo de acústica puntualizado por alguna oportuna guitarra eléctrica, por colchones de teclado que llenan los huecos de una orquesta ausente, y por baterías programadas que quieren ser algo más que una simple opción para evitar el engorro de grabar a un baterista de carne y hueso.

Ramírez aprendió el oficio de crear canciones de corte clásico y “jangly” en la banda Oh, Libia!, donde llegó a contar con la complicidad de Ken Stringfellow (The Posies). Más tarde estuvo tocando con Tórtel, con quien ahora también defiende el proyecto paralelo Coleccionistas (que también publica en el sello de nuevo cuño Demian, creado prácticamente para dar salida a la música de Ramírez).

Para registrar el disco que aquí nos ocupa, acudió al siempre fiable Joaquín Pascual, quien aplicó aquí algo de ese aire de “Lo-fi deluxe” (con perdón por el uso de, a priori, tan contradictoria etiqueta) que tanto reluce en su propio último disco, Una nueva psicodelia.

Sobre el disco planean una serie de reflexiones sobre el abandono, el ser abandonado y el convivir con ello. Abundan también las referencias al cine (maravilloso el título de A walk on a Farrelly Brothers movie) y a otros elementos de la cultura popular, incluyendo un guiño en los créditos del disco a East River Pipe y Mark Johnson, quienes según Ramírez han sido inspiración más que directa en la creación de estas canciones (aunque cualquier oyente avezado podrá identificar ecos de otros muchos artistas menos de culto).

Valoración: 6,2

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