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Pumuky “Plus Ultra” (Jabalina 2011)

Autor: | @indienauta

pumukyplusultra

Hace un par de años, el silbo gomero fue declarado patrimonio inmaterial de la humanidad. Tal honor resulta obvio y hasta se nos antoja tardío para los que hemos asistido maravillados como espectadores a su insólita musicalidad, y a su efectividad comunicante allá donde las montañas separan al hombre.


Seguro que Pumuky, uno de los buenos patrimonios materiales e inmateriales que posee el Indie patrio, también aplauden la subida a los laureles del silbo isleño, no sólo porque lo han usado como recurso musical en Gara (a cargo de un silbador en la versión que se escucha en el videoclip, y emulado por un theremin en la versión inmortalizada en este Plus ultra), sino también porque su universo lírico y musical se singulariza por ofrecer una mirada fascinada hacia algunas tradiciones e iconografías populares canarias (dragos, guanches y, por supuesto, el “poema del Atlántico” de Néstor de la Torre, cuya influencia llega hasta la mismísima portada), traduciéndolas sin imposturas a un lenguaje fácilmente asumible por la escena musical contemporánea.

Pero esto es, ante todo, pop. Y juzgado como tal, cabe apreciar en la tercera entrega de la banda una sólida evolución respecto a su ya notorio El bosque en llamas (2009). Si aquel trabajo dejaba huella a través de dos canciones insignia (Si desaparezco y Los amantes), Plus ultra apuesta por convertir sus diez canciones en una única foto sonora que plasme sus inquietudes actuales. El propio Jaír Ramírez –voz cantante del grupo- admite que el riesgo de tal empresa es acabar dando la impresión de que todas las canciones están relacionadas entre sí, y ese es el obstáculo mayor que se encuentra el oyente casual a la hora de digerir de un trago una obra así. El disco es de ideas fijas, tanto en el romanticismo agónico de sus letras como en las melodías arrastradas de Jaír (de ahí que sus dos fantásticos instrumentales, amén de desvelar el lado más post-rock del grupo, sean claves a la hora de ofrecer respiro), pero al mismo tiempo reafirma un sonido puramente personal, al que ya no le caben las viejas comparaciones con Los Planetas. Un sonido, por cierto, que en lo que instrumentación se refiere, ha encontrado su justo equilibrio entre una sólida base rítmica, unas guitarras casi oníricas, duelos entre las teclas melódicas y las de pasión ruidista, y unas voces que nadan entre efectos como si de un instrumento más se tratase.

Sí, detrás de la curva hay otra curva, pero eso no quiere decir que el viaje deje de ser apasionante.

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