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Primogénito López, El material (Discos de Paseo 2015)

Autor: | @sergiomiro

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El desaliño cuidado es una tendencia que se ha dejado ver tanto en la moda como el cine, la música y demás manifestaciones culturales. Es decir, que bajo la apariencia de sencillez y de espontaneidad, suele haber horas y horas de estudio para que la cosa quede perfectamente imperfecta. De este modus operandi han salido muchas obras notorias (y muchos amigos/amigas a los que nunca le creímos cuando nos decían “que va, yo me pongo lo primero que pillo”), pero también numerosos trabajos a los que se le ha visto el truco y que acaban resultando más forzados que el tipo de rigidez que pretendían combatir.

Si tuviera que apostar, diría que Primogénito López no se han currado nada el lo-fi extremo de sus grabaciones, que para ellos sí que forma parte de una manera natural de hacer las cosas. Como dicen en su bio, “lo importante no es saber tocar, ni tampoco sonar bien. Simplemente hacer canciones. Donde lo moderno es lo real. Los fallos, naturales. Y las patillas siempre anchas”.

Por la patilla se han sacado de la manga las 13 canciones que conforman su debut en larga duración, tras habernos tenido en ascuas desde el modesto revuelo generado con el single homónimo que publicaron en 2012 (como vemos, en esto también van a sus anchas y a su ritmo).

Lo que en principio choca como demasiado deslavazado e indolente (¡esa voz!), acaba curiosamente convirtiéndose en adictivo a merced de sus tiernas melodías y de unas letras, sin dejar de resultar cotidianas, poseen un curioso mordiente poético.

Sin caer en mucho alarde con los arreglos, las canciones se mueven por varios estilos y actitudes, desde el folk-punk, o una versión low-cost del indie de libro, hasta sanos escarceos maquineros que dan de sí hits imposibles como Einheit Spanischer Freiwilliger (con la colaboración de AnaBien Querida”). Eso sí, no les pidas que repitan más de dos veces un estribillo porque se negarán: prefieren dedicar ese tiempo precioso a empezar y a acabar otra canción; y después vendrá otra, y otra… Parece fácil, pero no lo es.

 

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