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Porches, Pool (Domino 2016)

Autor: | @sergiomiro

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Si podemos considerar que “bedroom music” (o “bedroom pop”) es una etiqueta con entidad suficiente, Porches acaban de postularse como sus perfectos representantes.

Que conste que hablo de ellos en plural porque los créditos aclaran que es un proyecto de cinco componentes, si bien todo se reduce a la cabeza de una sola persona: Aaron Maine. Lo de “bedroom” está ganado porque él solito se encarga de toda la grabación y de casi todos los instrumentos desde la base operaciones del estudio casero en su cuarto (con la debida chapa y pintura de dos súper-profesionales como Chris Coady a las mezclas y Greg Calbi en la masterización). Pero hay más razones. Desde un punto temático y musical, Porches han dejado atrás casi todo vestigio de electricidad (las guitarras que marcaron su disco debut brillan por su ausencia, y cuando aparecen, tiran de frialdad casi sintética), y se han dedicado a hacer canciones que hacen de la soledad y del aislamiento una opción de vida, a veces voluntaria y a veces forzada por las circunstancias.

De ahí que el primer single, el cuasi-bailable Be apart, se haya convertido en el estandarte perfecto del disco. La canción narra el agobio de Maine ante la duda de si salir de marcha con sus amigos o no, y saca oro de la ambigua sonoridad de su estribillo: no sabemos si quiere formar parte del meollo (“I wanna be a part of it all”), o si justamente lo que desea es permanecer lo más al margen posible (“be apart of it all”).

Esa apatía social ha funcionado históricamente en el indie desde que Morrissey la convirtió en modo de vida. A Maine no le vendría mal algo del paroxismo emocional de Moz, pues sus canciones a veces pueden parecer demasiado indolentes como para implicarnos del todo, pero Pool termina por funcionar a base de acumulación de ganchos melódicos, y por la inclusión de algún elemento lo suficientemente oscuro como para evitar que alguien pueda tomarlo por música de ascensores (y si quedase duda alguna, la recta final del disco nos obsequia con Shape, sostenida con una esquelética percusión y por un inquietante sintetizador en permanente oscilación).

Valoración: 7,2

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