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Peter Von Poehl, Big isues printed small (Nest & sound 2014)

Autor: | @sergiomiro

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La vida del geniecillo del pop suele ser complicada en tiempos como estos, pero si son listos, acaban encontrando una manera de sacarse las castañas económicas al tiempo que seguir dando rienda suelta a sus creaciones más personales para deleite del público selecto que les sigue.

Uno de los últimos ejemplos que me vienen a la mente es el de Richard Swift, quien de sufrir para que sus discos en solitario gozaran de la atención merecida, ha pasado a garantizarse un sustento con sus infinitas habilidades musicales y sonoras como músico de directos (bajo en The Black Keys y teclados en The Shins) y como productor de moda en el mundo indie (Foxygen, Damien Jurado, Cayucas, y hasta nuestro compatriota L.A., han requerido sus servicios).

A su manera, Peter Von Poehl, otro personaje equiparable en talento al de Swift, se ha labrado una carrera de lo más activa como complemento adicional para las grabaciones de todo tipo de artistas con cierta inquietud creativa, sobre todo en Francia y en su Suecia natal (aunque llegó a tener una conexión española al colaborar en el tema A song for Elaine, de Buffetlibre).

Nosotros, sin embargo, lo que estábamos esperando ansiosos era su tercer disco propio, que venía demorándose desde que en 2009 nos llegara el hermoso May day. El resultado es este Big isues printed small (“grandes asuntos impresos en pequeño”, bonita metáfora del modesto pero perenne impacto que nos provoca la propia obra de Von Poehl), una colección de canciones que en poco difieren de las sugerentes y melódicas aportaciones a las que ya nos tenía acostumbrados, pero que además llega con la presunta etiqueta de “disco orquestal”.

Los arreglos y el enfoque del álbum parten de unas colaboraciones con su amigo el arreglista Martin Hederos. Juntos, elaboraron una serie de arreglos para interpretar las canciones (nuevas y viejas) de Von Poehl junto a un pequeño conjunto orquestal. A los que, como servidor, aprecien sobre todo el lado más íntimo de nuestro hombre (ese taciturno solo de saxo que nos mece durante el final de la ya legendaria Going to where the tea trees are, por ejemplo), podría intimidarnos una sobreexposición a la ampulosidad que suele tentar a todo artista pop con orquesta de repente a su servicio. Nada más lejos de la realidad; salvo alguna que otra intro en la que se pone a prueba la sonoridad completa de la orquesta, la mayor parte de las canciones transcurren por los mismos plácidos y comedidos senderos del pop clásico de Von Poehl.

Así, sigue transportándonos a la pulcritud setentera de un Cat Stevens o (en el lado más cerebral) de un Alan Parsons, pero al mismo tiempo tiene algo del clasicismo pop de Brian Wilson o Nisson, todo ello desde un enfoque personal que lo convierte en inmediatamente reconocible.

Auque casi todo lo de este tercer disco es material nuevo, los fans de antaño reconocerán (y agradecerán) una nueva y fantástica versión de uno de sus viejos temazos, 28 paradise, quizás la mejor muestra de las fantásticas aportaciones de este nuevo formato en el que ha elegido presentarse.

 

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