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Pet Shop Boys, “Super” (X2, 2016)

Autor:  | Google+ | @curtillo

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Hubo un tiempo en el que los Pet Shop Boys eran capaces de fusionar comercialidad y talento a partes iguales. De sus discos de los ochenta se pueden sacar alguno de los estribillos más memorables del pop de todos los tiempos. Canciones directas, que eran asequibles para el gran público, pero también para el oyente más sesudo, ese que se fijaba en la ironía que contenían sus letras, y en la estupenda producción de sus temas más celebrados. Ahora, todo eso, ha desaparecido, y el dúo londinense se ha convertido en una especie de marioneta de Stuart Price, el productor francés que, tras hacer cosas realmente interesantes con Les Rythmes Digitales (su grupo de los noventa), se ha convertido en una especie de gurú de las estrellas venidas a menos.

Los Pet Shop Boys de 2016 suenan con menos personalidad que nunca, han perdido toda su elegancia, y se han convertido en un dúo de música electrónica chabacana y simplona. Escuchar seguidos los 46 minutos “Super” es acabar con un dolor de cabeza asegurado. Beats acelerados, teclados histriónicos, house del montón…es como si Neil Tennant y Chris Lowe se hubieran metido en una máquina del tiempo para aterrizar en la rave más cutre de 1998. Todo suena a sobado en “Super”, incluso esa especie de inclusión en el reggaetón que es ‘Twenty-Something’, con la que se meten de lleno en la indiferencia más absoluta. Pero lo peor no es todo esto, que ya es bastante, lo peor es que apenas hay hits. Algo que hasta ahora no les había pasado, ni siquiera en “Electric”, su anterior trabajo, donde Price ya metió mano, pero no consiguió llevarles a su terreno. Ahí contaban con esa maravilla llamada ‘Love is a Bourgeois Construct’, o con su estupenda versión de Bruce Springsteen. Aquí nada de nada, tan solo se puede meter a  ‘The Pop Kids’ en la categoría de hit. Bueno, y quizá ‘Undertow’, que junto con ‘Into Thin Air’, es de lo poco que suena elegante en todo el disco. Además, cuando intentan dar con uno les salen cosas como ‘Groovy’, que es mediocre y aburrida.

Durante casi todo el álbum nos encontramos con unos Pet Shop Boys casi instrumentales (¿no sé qué coño va hacer Tennant en los directos?), que pisan el acelerador, y se dedican a soltar estribillos de los más sosos entre bajones y subidones tecno. Ahí están ‘Inner Sanctum’ y ‘Burn’, que servirían de banda sonora para cualquier escena de discoteca de un capítulo de “Queer As Folk”, o ‘Happiness’ y ‘Say It To Me’’, que básicamente están formadas por un ritmo machacón y un estribillo que se repite de vez en cuando.

Otro fallo de “Super” es meter dos baladas entre esta sobredosis de tecno de polígono. Aunque estén por encima de la media del resto del álbum, tanto ‘The Dictator Decides’, como ‘My Sad Robot’, no pintan nada dentro de él. Si haces un disco enfocado hacia la pista de baile, no puedes meter estos dos temas que cortan todo el rollo, aunque sea un rollo pasado de vueltas y de lo más trillado.

No es fácil estar a un buen nivel tras más de treinta años de carrera, de hecho, ya tuvieron un bajón a finales de los noventa, pero al menos, hasta ahora, contaban con su personalidad y su elegancia. Dos cosas que han perdido con “Super”.

Valoración: 5,3

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