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Perfume Genius, “Too Bright” (Matador, 2014)

Autor:  | Google+ | @curtillo

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¿Qué le ha pasado a Mike Hadreas? Esa es la primera pregunta que se le viene a uno a la cabeza tras terminar de escuchar, por primera vez, el nuevo trabajo de Perfume Genius. El de Seattle ha dado una vuelta de tuerca a sus canciones y, en gran parte de este “Too Bright”, nos encontramos con unos cortes más agresivos, más electrónicos, y un tanto más extraños. Hadreas ya no sólo vive de sus dulces y emotivas canciones a base de piano (que también las hay); ahora está cabreado, y eso se refleja en parte de su tercer trabajo. Para mostrar este cabreo ha contado la ayuda de Adrian Utley (Portishead), que le ha producido el disco, y con la de John Parish, que ha tocado las baterías en algunas canciones. Entre los tres han conseguido llevar esa rabia a buen puerto, y sacar adelante un gran trabajo.

El primer aviso no los dio con ‘Queen’, el single de adelanto del álbum, en el que nos encontramos con un Hadreas que da un rapapolvo a todos los que se sienten intimidados con su homosexualidad. La canción es lo más parecido a un tortazo en la cara que nos podemos encontrar. La contundencia con la que entra el estribillo, sus bajos tan potentes y el protagonismo que le da al teclado hacen que se convierta en uno de los temas más intensos de lo que llevamos de año. Toda una demostración de que la rabia puede darte muy buenas ideas. Algo que también se puede ver en ‘Grid’, esa locura de dos minutos y medio en la que Hadreas juega con el krautrock, la electrónica y unos gritos terroríficos para crear un corte extraño pero tremendamente adictivo. Pero, si hablamos de electrónica, hay que mencionar ‘Lonpig’, un tema minimalista con unos teclados que se fusionan con una palmas de lo más étnicas. El resultado vuelve a ser extraño, pero brillante.

Por supuesto, Hadreas no ha perdido el toque dulce y tristón que tenían sus canciones más antiguas, y en “Too Bright” también hay cortes de dos minutos en los que el protagonista es el piano. Con temas como ‘I Decline’ o ‘Don’t Let Theme In’, que casi parecen retales de canciones, consigue emocionar igual que lo hizo en el pasado con ‘Hood’ o ‘No Tear’. Pero lo mejor de este tipo de canciones viene cuando aparecen ‘No Good’ y ‘All Along’, que son frágiles y de una belleza sorprendente.

Todo lo anterior es la parte positiva del disco, pero también tiene momentos en los que ha querido experimentar demasiado y no le ha salido excesivamente bien. Sí es cierto que una canción como ‘My Body’ refleja bien la sensación de agobio que quiere dar, pero se pasa tres pueblos con el pedal de voz y, al final, es con un corte casi inaudible. También es una pena que una canción como ‘Fool’, que empieza y termina tan bien, tenga esa parte central absurda. Los paisajes ambientales no son lo suyo, y lo podemos volver a comprobar en ‘I’m a Mother’.

Sí, el disco tiene tres pegas (bueno, dos y media), pero el resto es tan grande, que se le perdona.

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