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Pauline en la Playa, El Mundo Se Va a Acabar (Siesta 2013)

Autor: | @Bloodbuzzedtwit

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Grandes discos hay bastantes -bueno, quizá no tantos- a lo largo de un año. Pero luego, entre esos trabajos a destacar, hay unos pocos que parecen hechos para quedarse a la verita de uno. Por siempre jamás. El Mundo Se Va a Acabar, quinto álbum -sexta referencia si contamos su mini-cd Nada Como el Hogar en 1999- de las hermanas Álvarez, es uno de ellos. Va siendo hora que se haga justicia a estas orfebres del pop cantado en castellano, una de las carreras más personales y sólidas que existen en nuestro país. Bienvenidos al mundo paralelo de Pauline en la Playa.

Abre el disco la titular El Mundo Se Va a Acabar y, desde el acorde inicial de la guitarra, uno sabe que no va a haber apocalipsis. Al contrario, a los cuarenta y cinco segundos lo que llega es el primer estribillo perfecto -no será el último-, y cuando los dos Nachos, Vegas y Umbert, aparecen en los coros finales,el oyente ya nota un cosquilleo -o temblor- en su espina dorsal. Se llama emoción.

A continuación viene Elástica, que es una delicia de principio a fin. La cadencia de la guitarra, las voces invitadas de las pandereteras Herbamora, el exquisito violín de Ana Fernández, todo se funde con las aniñadas voces de Mar y Alicia. Demoledora sutileza.

Mención aparte se merece Relevé, destinada a permanecer en el panteón -imaginario se entiende- de las mejores canciones jamás publicadas en este país. Por favor, que nos expliquen cómo crearon está maravilla, cómo soñaron esa melodía y esas cuerdas sublimes, cómo escribieron esa letra de vendavales y huracanes que no suena a catástrofes ni desolación sino a recuerdo y lección aprendida. O mejor no, que nos dejen con el misterio y nuestra propia imaginación. Menuda joya.

Todo Para Ti se mueve a ritmo acompasado y juguetón, idóneo para esos juegos de voces,   de nuevo con el apoyo de Herbamora y sus panderetas. Hay acordeones, contrabajos, una guitarra que se despereza en un tenue latigazo final, rima en consonante -que capacidad tienen Mar y Alicia para extraer todo el potencial al idioma de Cervantes- y  una adorable declaración de amor -ya sea de pareja o quizá filial-. Vendrán más.

El Tiempo es quizá el tema menos destacable de todo el disco, debido sobre todo al retorcido y algo forzado fraseo de las hermanas, aunque la sombría ambientación musical -ese funesto saxo, esa percusión solemne- de la canción se ajusta perfectamente a su letra sobre el paso inexorable de los días.

Pero rápidamente volvemos a la senda de los temas imperecederos. Todas las Flores es otra preciosidad, que comienza de forma acústica, dulce y almibarada, para desembocar en una tormenta eléctrica acorde con su letra. Las guitarras se envaran en un colchón de distorsión sobre el que, de nuevo, otra certera sección de cuerda pone el contrapunto.

Un acordeón salido de épocas pretéritas abre Aishiteru, que huele a sal y suena a lugares donde no hay cobertura de móvil, donde las cosas se tienen que decir en las distancia corta, a la cara y con el corazón. Muy pocas bandas que puedan declararse con tanta gracia y encanto como Pauline en la Playa.

Universo vuelve a contar con la voz de Nacho Vegas, que apuntala la sensación evocadora y melancólica. La quietud la rompe otro precioso acordeón, haciendo que este canto a la naturaleza adquiera una viveza, una resonancia imperecedera, como bien dice es “resonando una vez y otra en el universo”.

En cambio el que repite en Desalojen es Nacho Umbert, en una pieza más jovial, casi bailonga, pese a su catastrofista letra donde se mezclan Está Casa Es una Ruina, Titanic y Aterriza Como Puedas, y que podría ser la banda sonora de una serie de dibujos animados, pizpireta y audaz en sus simpáticos versos.

Y acabamos ahondado en el territorio infantil Haiku Para Ir a Marte parece una canción de cuna -o una nueva declaración de amor no apta para machos alfa y tipos duros- a lomos de piano, desnuda y frágil. Hubiera sido el perfecto cierre del disco. Sin embargo, éste lo pone Los Monstruos del Mar, mucho más elaborada y con un tono más oscuro, y dónde se explicita claramente su índole doméstica, en la que la madre acurruca y lee a su pequeño/a hasta que el sueño lo venza.

Desconozco si el mundo se acabará algún día, pero una cosa tengo clara. Prefiero vivir en el que nos ofrecen de Mar y Alicia Álvarez. Es mucho más hermoso y fascinante.

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