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Parade, Demasiado humano (Jabalina 2016)

Autor: | @sergiomiro

Parade_demasiado_humano

“Si me emociono como tú / Si lloro y sufro como tú / Si de empatía voy genial / Y he superado el Voight-Kampff / ¿Cómo sabrás que soy de plástico? /¿Cómo sabrás que soy mecánico?”

Este extracto de la letra que da título al nuevo y octavo disco de Parade resume perfectamente las intenciones y los méritos de su autor. Gran parte de los ingredientes aquí empleados son sintéticos y programados, casi podría decirse que robóticos. En ese aspecto, podría considerarse que Antonio Galvañ (quien se encarga de operar la práctica totalidad de la maquinaria) ha regresado a las formas de sus primeros trabajos. Y sin embargo, el disco destila la inteligencia (artificial o no) y la implicación emocional suficiente para que nos toque el mismo tipo de fibra que el más orgánico y “humano” de los trabajos.

Al margen del detalle del envoltorio, lo que siempre ha importado por encima de cualquier consideración en el repertorio de Parade son sus poderosas composiciones, imposibles “cortometrajes pop” que combinan grandes argumentos y melodías de pegajoso gancho. Demasiado humano cumple lo esperado, con 11 canciones que pueden provocar preferencias entre sus seguidores, pero que en ningún flaquean ni hacen de relleno para completar la duración del LP.

No hay demasiadas metáforas en las canciones de Galvañ; sus historias son lo suficientemente delirantes como para crear una poética propia y atractiva por sí misma.
La robótica no sólo se deja caer en el mentado tema titular; ya desde el comienzo, Galvañ muestra sus respetos hacia el imaginario de ciencia ficción de Phillip K Dick (Traedme la cabeza de Phillip K. Dick), o si hace falta ampliar horizontes, la de Isaaac Asimov.

Más cultura pop se asoma por la frenética Guerreros, situada en el mundo de bandas del clásico de Walter Hill The Warriors (Los amos de la noche), o en Novia del motorista fantasma (adornada en lo musical con unos divertidos coros a lo Beach Boys), que se ocupa de la pareja del motorizado y cadavérico héroe de cómic, desvelando qué pudo ver ella en él.

Especialmente imaginativas son Johnny Ramone, agente de la KGB (sí, fantasea justo con esa posibilidad), y Carterista de tanatorio, donde un entrañable personaje mezcla reconfortables condolencias con apropiaciones de lo ajeno.

Cementerio nuclear en la pequeña ciudad podría ser una divertida historia surrealista, si no se pareciera tanto a algunos de los delirios políticos que tanto pueden darse en esta España post-burbuja.

El colorido cierre lo pone Bizcochos, casi una apropiación cañí del mito de Sweeney Todd, con una familia de pasteleros que salen adelante introduciendo ingredientes principales que no son de origen vegetal, precisamente.

Valoración: 7,8

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