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Núria Graham, Bird eyes (El Segell 2015)

Autor: | @sergiomiro

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Las cosas están cambiando en el panorama pop español. Dentro de poco podremos dejar de asombrarnos ante la corta edad de algún talento que nos llegue en un estado notorio de formación. Por cuestiones generacionales y por las dificultades que habían en nuestro país a la cultura musical alternativa -por no hablar del escasísimo circuito de directos en el que esos talentos podían incubar algo de oficio y sabiduría-, estábamos acostumbrados a encumbrar como nuevos valores a músicos a punto de entrar en la treintena. Ahora, la sociedad de la información es un vehículo perfecto para cultivar a cualquier alma predispuesta y talentosa, lo cual unido a los avances que hemos realizado en materia de producción y grabación de nuestros discos hace que tengamos que ir acostumbrándonos a creadores/as muy solventes que apenas han cumplido la mayoría de edad.

En el panorama de las artistas femeninas (aunque también tendríamos que ir dejando atrás eso de la clasificación por géneros), ya teníamos todas las esperanzas en la canaria Bel Bee Bee, y ahora toca hacer un hueco bien grande a Núria Graham, una catalana que, tras llamar la atención con su maqueta de debut (First tracks, 2013), se ha marcado un primer larga duración tan sólido y sugerente que casi da hasta miedo.

En un perfecto inglés, Núria nos da la bienvenida a guitarra y voz con un Preludecuya frase principal (“Algún día te despertarás solo”) es retomada en el siguiente tema –el que da título al disco- ya con el trabajo de toda la banda. Durante todo el disco, se alternan canciones más atmosféricas o desnudas (Ages, o You fall asleep so easily), con otras con vocación absolutamente popera (maravillosa Bad luck).

La grabación y las solventes interpretaciones que arropan a Núria, sin dejar de tener un poso contemporáneo, también pueden recordar vagamente –más en espíritu que en forma- al trabajo de algunas de las formaciones que en los 80 cultivaban un pop más sofisticado como The Blue Niles, o Lloyd Cole.

Y sí, nos vienen a la mente algunas féminas de la nueva hornada (la que más, la gran Sharon Van Etten), pero también otros artistas con visión poliédrica como Destroyer. Al margen de una voz agradable y sentida, a la que adivinamos potencial de adquirir nuevos matices simplemente con el paso de unos pocos años, Núria nos descubre su asombrosa habilidad como guitarrista, capaz del más ensoñador de los arpegios, o de sostener canciones enteras con constantes detalles de clase e imaginación.

El amparo de la discográfica El Segell es un plus mediante el cual Núria ha tenido acceso a cosas tan chulas como el compartir escenario con St. Vincent o que toda una eminencia indie como Adam Green coja los pinceles para firmar la portada de este Bird eyes. Pero, sin un producto de calidad detrás, tales logros serían inimaginables o caerían a la primera cual castillo de naipes; y la cosa es que a Núria la vemos totalmente en su sitio tocando a las puertas de la primera división (vamos a dejárselas aún un poco cerradas, aunque sea para que no pierda el afán por mejorar, que tiene años por delante para ello).

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