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Nudozurdo, Rojo es peligro (Everlasting 2015)

Autor: | @sergiomiro

Nudozurdo_rojo_es_peligro

El más reciente giro de turca de Nudozurdo no debería de haber generado tanto anonadamiento. Para empezar, Leopoldo Mateos, ya había mostrado en su reciente proyecto paralelo, Acuario, que los sintetizadores y los ritmos programados le hacían mucho tilín; y ya sabemos que Nudozurdo básicamente se moverá hacia donde quiera moverse Leopoldo, eso sí, con dignos acompañantes, como su sempiterno cómplice Meta al bajo y el casi obligatorio cambio en el puesto de baterista, que en este caso cae en las habilísimas manos de Ricky Lavado (Standstill). Por otro lado, desde que conocemos a Nudozurdo, han estado esquivando cualquier tipo de expectativa, negándose a repetir esquemas de canciones, ni siquiera de aquellas que han acabado convirtiéndose en himnos tanto para los seguidores puntuales como para los más fieles. Vamos, que ni en Tara Motor Hembra (2011) había nada parecido a El hijo de Dios, ni aquí encontraremos nada que emule los conseguidísimos ambientes oscuros y obsesivos de piezas como Prometo hacerte daño.

Lo que quizás no podíamos esperar es que Leopoldo fuera a aparcar de forma tan visible los guitarrazos desenfrenados que hasta ahora siempre se dejaban caer, de una manera u otra, en sus discos. Y es que Nudozurdo nos ha dejado algunos de los mejores momentos del pop de guitarras reciente de nuestro país, ya que nuestro hombre posee eso que es tan difícil de encontrar en un instrumentista (y máxime a las seis cuerdas): personalidad propia y reconocible. No es que no hayan guitarras en Rojo es peligro, simplemente están mucho más comedidas e integradas en la ajustada composición de cuadro que conforma cada una de las bases instrumentales de las nuevas canciones. Los sintetizadores ganan peso a la hora de definir las canciones, lo cual tampoco debería llevarnos a pensar que este es el disco de “electronica” de Nudozurdo, porque en todo momento podemos escuchar un sonido de banda, con Meta y Ricky Lavado perfectamente integrados en un agradecido groove entre lo mecánico y lo orgánico.

También sorprende la nueva forma de cantar de Leopoldo, mucho más comedida (en sintonía con el tono general del disco), y con un falsete que le da un toque, digamos, más sexy a la propuesta en general.

Entre falsetes, grooves, y diálogos enjundiosos entre guitarra y sintes, podría decirse que se han convertido en algo así como unos Wild Beasts españoles, lo cual sigue confirmándoles como una de las bandas más inteligentes del panorama, aunque ahora esa inteligencia se canalice hacia sitios diferentes.

 

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