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Noiserv, A.V.O. (Naïve 2015)

Autor: | @sergiomiro

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Al referirnos a Portugal, solemos usar el tópico sobre esos vecinos a los que rara vez nos esforzamos por conocer. Algún “mea culpa” sí que podríamos entonar en lo que la escena musical independiente se refiere, ya que muchos hemos tenido que esperar a que el sello frances Naïve pusiera la mirada sobre el proyecto del lisboeta David Santos (Noiserv) para realmente darnos por enterados de lo mucho que tiene que aportarnos.

Su estreno para el mercado europeo es el disco A.V.O. (siglas de “Almost Visible Orchestra”), publicado en su país de origen en 2013 (4.500 copias vendidas y premio a mejor disco del año, según la Sociedad Portuguesa de Autores) y ahora reflotado con tres temas extra. El título se ajusta a la perfección a la propuesta, ya que si bien Santos suele arreglárselas solo, sus canciones están dotadas de una orquestación a medio camino entre lo visible y lo invisible, con sonoridades que podrían encajar en formatos ampulosos, pero que suelen ejecutarse desde la delicadeza, a menudo con instrumentos atípicos o incluso de juguete. El efecto es seductor y extrañamente bello. La palabra “bonito” suele estar denostada en una reseña sobre un trabajo artístico, pero he de reconocer que es la que más veces me viene a la cabeza cuando escucho a Noiserv.

Sus influencias “oficiales” son artistas como Yann Tiersen, Radiohead, Explosions in the Sky o Sigur Ros, con los que no resulta complicado encontrar puntos en común aquí y allá, aunque yo añadiría de forma muy marcada a The National, quizás por el tono grave y reflexivo de la voz y las melodías de Santos, si bien la música de Noiserv opera en un plano mucho más discreto que la de la banda de Ohio.

Con títulos que en sí mismos podrían ser aforismos universales (“This Is Maybe The Place Where Trains Are Going To Sleep At Night”, “Today Is The Same As Yesterday, But Yesterday Is Not Today”, “It’s Useless To Think About Something Bad Without Something Good To Compare”, “Don’t Say Hi If You Don’t Have Time For A Nice Goodbye”, …), cada una de estas canciones se las arregla para proponer micro-mundos de un romanticismo que reivindica el valor de acciones y objetos que otros tacharían de obsoletos o inútiles (no creo que sea casualidad que, entre los numerosos ruiditos que pululan por aquí, encontremos una máquina de escribir tecleada con convicción).

Valoración: 8

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