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Neleonard, Las causas perdidas (Elefant, 2016)

Autor: | @Bloodbuzzedtwit

Fue en 2014, pero parece que haya pasado un mundo desde que Agosto, el EP de debut de Neleonard, apareciera en nuestras vidas. La reseña en Indienauta le tocó a un servidor, básicamente, porque el flechazo con Por pequeño que seas y Capital había sido tan inmediato como inevitable. «Una banda en busca de la canción POP con mayúsculas», recuerdo que escribí —autocitarse es lo más bajo, lo sé—. Ahora, a tenor de este Las causas perdidas, esperadísimo primer disco publicado con Elefant, a esa pelín rimbombante frase puedo añadirle una segunda parte sin temor a resultar exagerado. Neleonard es una banda en busca de la canción POP con mayúsculas… y con el talento y la magia para encontrarlas. Este disco está repleto de ellas.

Los que busquen los sonidos más actuales —¿trap?, ¿lo escribo bien?—, «urbanos», según Spotify, o lo que arrasa en YouTube —lo siento, cometí el error de leer cierta crítica del disco que bueno… en fin, me callo— mejor ni os acerquéis a Las causas perdidas. Ahora bien, el que prefiera toparse con temas emocionantes, exuberantes y perdurables que pruebe con Nele y los suyos. ¡Es que canciones como Reluces, La más alegre o Coger frío se defienden solas! Son pura, fulgurante luz, algarabía, regocijo. Son arrebatadores juegos vocales, épica bien entendida, ahora al galope, luego in crescendo, después un parón, atrapándote a su voluntad. Son romanticismo —que a veces, en las letras, se les va de las manos, su único punto débil— y cicatrices. Son instrumentación rica y extremadamente cuidada. ¡Diablos! Son Belle and Sebastian y The Divine Comedy y The Beautiful South y La Buena Vida y La Bien Querida. Son puro pop. Menudo comienzo de álbum.

Tras semejante arranque, Seguro que es por mí, brumosa y ensoñadora, es tan Sarah Records que uno tiene la tentación de traducir el título al inglés y googlearlo en busca de ese sencillo olvidado de portada en sepia que desconocías del gran Bobby Wratten. Pero su melancólica belleza no te prepara para lo que se avecina con Menos de mí, una de las joyas no solo del disco, sino del pop de este país en años. Maridando el folk a lo Sufjan Stevens con unos arreglos fastuosos, la maravilla de tres minutos empieza tímida, alza el vuelo cuando Laura Alonso nos canta sobre «una gran ciudad lejos de aquí» y se convierte en un himno en su último minuto. Muy grande.

Uno, que es fan de Neil Hannon hasta la médula, sonríe con el arranque/homenaje al bardo norirlandés de Tu fiesta, una pieza de arrebatado y solemne melodrama de pop de cámara —imagino ese concierto «perfecto» de Neleonard, acompañado de orquesta—, a lo Tindersticks, arropado por suntuosos violines y piano. También con la ligereza, buen contraste con la anterior, de la desenfadada Mariadel y sus ritmos sutilmente aflamencados. O incluso, con el final de Vivir como ellos, una pieza circular, pizpireta y vital en su inicio, luego fúnebre, luctuosa en sus estrofas centrales —de nuevo con la sensación de exceso lírico— que, sin embargo, remonta para acabar en tromba, imparable.

Puede que el tramo final de Las causas perdidas no brille con tanta fuerza, aunque sería injusto decir que las canciones desmerezcan el conjunto. Es más bien que el factor sorpresa se ha reducido tanto a estas alturas del disco que los parones y arranques de Pues es verdad no te cogen desprevenido, pese a lo mucho que se disfruta el estupendo trabajo de guitarras y la envolvente melodía del teclado. O que, sencillamente, a la quietud y desnudez acústica de Salvavidas, la pieza más breve del disco, le falte algo más para ganarte.

Pero Neleonard guardan una bala más en la recámara. Se llama Ya ni cuento y juraría que la han creado en Manchester, embebidos de «esa melancolía británica» tan característica. Jangle-pop de rotunda pulsión rítmica —fantástica línea de guitarra en su último tramo— y pegada instantánea. A buen seguro que Mozzer estará orgulloso. Tras ella, el sexteto decide concluir el LP con gravedad en la apropiadamente titulada Despedida, mitad La Buena Vida, mitad, de nuevo, Tindersticks. Una forma apesadumbrada y, no obstante, reflexiva y elegante de decir «capítulo cerrado». Y un punto y seguido a un primer largo que no solo cumple con todas las expectativas puestas en Neleonard. Nos los confirma como uno de los referentes del indiepop en este país. Relucen.

 

Valoración: 7,9

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