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Mykki Blanco, “Mykki” (!K7 Records, 2016)

Autor: | @sergiomiro

Estamos en una sociedad de barreras difusas y multiplicidad de opciones de identidad. Tomemos a Mykki Blanco, por ejemplo. Sabemos que el nombre representa a una supuesta rapera adolescente (o de espíritu adolescente) creada por el artista neoyorquino Michael Quattlebaum Jr., inspirada a su vez por un alter ego de la combativa Lil´Kim. Pero la cosa es más complicada que eso. Mykki no parece limitarse a ser un capricho artístico de Quattlebaum, más bien al contrario, el personaje se ha convertido en un vehículo lo suficientemente dúctil como para que su creador se haya integrado casi totalmente en él en cada movimiento público que realiza. Tampoco deja que los aspectos transgénero de su discurso se apoderen de la totalidad de su propuesta, ni en lo temático, ni en lo musical (Mykki tiene un lado delicado, sobre todo en los momentos en los que se lanza a cantar, pero por lo general rapea con una determinación agresiva, casi “viril”, válganos el término).

Su debut discográfico es un pequeño milagro propiciado en parte por la implicación del artista visual y músico Woodkid, quien vio en Mykki un personaje digno del mejor de los empaques, y quien se ofreció a sacarle de un pozo de inseguridades e incertidumbres expuesto públicamente cuando Quattlebaum/Mykki aireó su VIH.

La mayor implicación de Woodkid llega en el tema ‘Highschool never ends’, que bien podría estar en alguno de los discos del francés, con sus característicos arreglos orquestales y ritmos marciales, y con un conmovedor interludio en el que interrumpe los feroces rapeos de Mykki para cantar “Why don´t you just delete me?”, sin dejar claro si habla con levedad de las relaciones en redes sociales o con gravedad de una autodestructiva relación personal.

Otras piezas del disco no cuentan con la participación personal de Woodkid (también produce su viejo colaborador, Jeremiah Meece), si bien su presencia e influencia se deja notar en la práctica totalidad de cortes, ya se traten de ritmos de trap, de rap vaporoso, o de otras tendencias de electrónica contemporánea con etiquetas demasiado efímeras como para que este humilde indienauta las recuerde todos.

Mykki firma un debut en el que mezcla lo confesional con lo reivindicativo, lo doloroso con lo humorístico; un cuadro que acaba siendo fiel retrato de los dilemas del mundo milenial, sin caer en ligerezas y sin regodearse en ninguna de las condiciones que esgrime con tanta agudeza.

Valoración: 7

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