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Mourn, Mourn (Sones 2014)

Autor: | @Bloodbuzzedtwit

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¡Alerta de hype! ¡Alerta de hype! Es lo que debería poner, con un etiqueta adhesiva, en la portada del disco de debut de Mourn, un jovencísimo cuarteto catalán en el que ninguno de sus miembros llega a los 20 años. Os pongo en antecedentes —agarraros que tiene miga—. El sello Captured Tracks las acaba de fichar para la distribución de su música a nivel internacional. La “Biblia hipster” online, es decir, Pitchfork, escogió su single Silver Gold como Best New Track. Y la mitad de la banda tiene como ilustre papá a Ramón Rodríguez, más conocido como The New Raemon. ¿A qué asusta? Lo tienen todo para ser una broma. Pero, por una vez, es todo lo contrario.

Porque aunque el talento se lleve en los genes y el padre de Jazz y Leia, uno de los artistas más inquietos y sin duda recomendables de este país, vaya sobrado de ellos, el desparpajo y la intensidad que hay en esta brevísima colección de canciones —varias no llegan ni a los dos minutos— grabada en directo no es cosa de él. Lo de Mourn se tiene o no se tiene.

Suenan los primeros compases de Your Brain Is Made of Candy, con la voz arrastrada y doliente de Carla Pérez y a uno no lo viene a la cabeza el instituto, sino la gran PJ Harvey. Cuando el tema coge velocidad y furia uno se queda pasmado. Aún más Polly Jean es la muy poderosa Dark Issues, que vuelve a crecer en un mar de tensión. ¿Adolescentes con esa capacidad para apabullar al oyente? Exacto. Dos temazos para empezar.

Sin introducción previa, Mourn nos adentra en Phillippius, apenas minuto medio con una sinuosa línea de guitarra sobre el que las voces generan la melodía principal. Sólo unos segundos más extensa es la siguiente pieza, la espídica Misery Factory, que parece a punto de estallar —atención a la línea de bajo—, estilo At-the-Drive-Inn, pero decide contenerse. Latigazo indie-rock.

En cambio, el sonido grunge es mucho más reconocible en Otitis, escogida como sencillo, siendo una de las piezas centrales de este debut, por la perfecta combinación de fuerza y mordiente con capacidad melódica, recordando a The Breeders o Throwing Muses. Más directa, pero también cortada por el mismo patrón noventero, le sigue la discreta You Don’t Know Me. Mucho más impactante es Marshall, con esos imponentes “Shut up, Marshall” aullados desde lo más profundo de las vísceras. No nos hemos dado ni cuenta y ya estamos en el tramo final del disco.

Squirrel es más movida y juguetona, como si Sunny Day Real Estate se olvidaran, por fortuna, de su faceta más emo y, gracias a las dobles voces de Carla y Jazz, el tema alza el vuelo antes de concluir, marca de la casa, en un suspiro. Sin respiro nos llega Jack, la más corta del lote, puro riot grrrl, antes de cerrar el disco con Silver Gold, como decíamos al principio de la reseña, también elegida como sencillo. Otro acierto, ya que resumen a la perfección qué nos hemos encontrado en este notable debut. De nuevo la gran Polly Jean como referencia, pero a partir del minuto, también los Pixies, en un crudo envite final de incontestable pegada.

No inventan nada, pero rebosan mordiente, frescura y descaro. Y lo que es más alucinante, pese a su extrema juventud, ya poseen unas cuantas canciones por las que otras bandas con mucho más rodaje matarían. Menudo futuro les espera.

 

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