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Miquel Serra, Roses místiques (Foehn 2013)

Autor: | @sergiomiro

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Un Pitufo asesino. Soy de los que quieren ver en las portadas señales con las que el artista nos ayuda a descodificar sus intenciones. Y la portada de Roses mistiques es de las que llaman la atención; por atípica (casi se podría decir que anti-rockera); por la curiosa división entre rechazo y fascinación que produce entre según quién la vea; y por haber pervertido algo tan popular y cándido como un pitufo hasta convertirlo en una feísta reencarnación del mal.

Quizás sea una buena manera de describir lo que hace Miquel Serra (la portada, por cierto, es un cuadro elaborado por su hermano Joan): una perversión y una reinterpretación nada complaciente de algunas tradiciones musicales, ya sean dentro del pop o del folk (sajón y mediterráneo).

Se trata de la obra de un artista por el que es evidente que fluye la música; las dieciocho piezas de este disco dan la sensación de haber salido de manera espontánea, sin haber sido forzadas en ninguno de sus procesos creativos, aunque gozan de gran sonido y de la buena producción del también geniecillo mallorquín Pep Toni Ferrer.

En ese sentido, y aunque entre los referentes más mentados a la hora de catalogar este disco estén Animal Collective y Radiohead (hay muchos momentos centrados en el groove y en hipnóticos arpegios de guitarra que son puro Amnesiac), hay algo en la manera en que Ferrer suelta las riendas de sus talentos que me recuerda a la carrera en solitario de John Frusciante.

Tras dar vida renovada a las dos anteriores autoeditadas de Serra, Foehn Records arropa Roses mistiques para celebrarlo como la primera obra importante de su autor. Un trabajo que se debate entre la belleza obvia y la oculta, entre los ritmos obsesivos y las canciones flotantes, entre lo accesible y lo arisco.

El Pitufo es una criatura bonita y de personalidad fascinante, pero ojo, que muerde.

 

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