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Michael Kiwanuka, Love & Hate (Polydor 2016)

Autor: | @sergiomiro

Permítanme que empieza quitándole el foco al protagonista. Hablemos de las coristas. Ya el documental “A 20 pasos de la fama” nos dejaba claro el fundamental papel que jugaban esas casi anónimas profesionales a la hora de dotar de encanto a cualquier tonada clásica, o incluso de generar ganchos musicales que terminan por definir una grabación.

Todo esto viene porque Love & Hate es un disco de esos, y porque esos coros son una de las aportaciones principales de BrianDanger MouseBurton, el productor estrella que acudió al rescate de Michael Kiwanuka cuando éste se encontraba en pleno atasco creativo ante la presión de sacar adelante el “difícil segundo álbum”.

Antes de eso, Kiwanuka había entrado con fuerza en el mercado discográfico, logrando una nominación a los premios Mercury y una entrada en un star system en el que no llegó a encontrarse del todo cómodo (una invitación de Kanye West para participar en las sesiones de Yeezus acabó en frustración por ambas partes).

Volviendo al tema de los coros, Burton les ha dado un carácter etéreo sin peder poderío, a medio camino entre el gospel y entre el Morricone romántico al que ya rindió homenaje en el disco Rome. La cosa queda patente desde el comienzo, con la épica Cold Little Heart y su larga introducción donde voces y arreglos orquestales van dando forma a una pequeña sinfonía soul que nos recuerdan al Isaac Hayes más ambicioso. Sobre esta base, Kiwanuka deja que sea su guitarra la que hable primero, con unos punteos que acabarán siendo recurrentes durante bastantes pasajes del disco y que aquí establecen puentes directos con Pink Floyd.

Su voz se deja esperar hasta el minuto 5, otra demostración de seguridad y de la cantidad de alicientes que tiene un disco que no se siente en necesidad de apoyarse constantemente en la, admitámoslo, emocionante voz de Kiwanuka.

La mayor parte del disco transcurre por esa senda, entre el soul post-What´s going on, y la rama negra negra del soul a lo Terry Callier (les invito a dirigirse al minuto 8:40 de la mentada Cold Little Heart, donde se nos deja a Kiwanuka a solas con su acústica, como si se nos permitiera a escuchar brevemente la esencia de este artista antes de que quede alterada por el impactante revestimiento de producción).

Rompiendo la dinámica del disco aparecen un par de claros singles de tempo y ritmo entusiastas (jugando un papel al que jugó aquel trallazo llamado Mercy en el por otro lado sosegado debut de Duffy). Black Man in a White World es puro neo-Gospel revientapistas en donde se luce el joven Inflo quien también ejerce de co-productor. Curiosamente, la otra pieza más animada, One More Night, tampoco cuenta con la producción de Danger Mouse, siendo una de las pocas piezas que quedan del trabajo inicial realizado junto a Paul Butler, de The Bees (recordemos que Butler fue el responsable del debut de Kiwanuka, y que en un principio este segundo trabajo también iba a ser exclusivamente cosa suya).

En todo este laborioso proceso de idas y venidas de productores, de enfrentarse a su propio éxito y de buscar un hueco en el panorama actual, Kiwanuka ha salido reforzado como compositor e interprete de sorprendente madurez, mucho más relevante de lo que nos haría imaginar cualquier comodín retro que se le aplicase.

 

Valoración: 8,2

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