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Memoryhouse “The Slideshow Effect” (Sub Pop 2012)

Autor:  | Google+ | @curtillo

Memoryhouse - The Slideshow Effect Sub Pop

¿Chillwave o dream-pop? Esa es la duda que nos asalta cuando escuchamos el primer trabajo de Memoryhouse. Se supone que aquel “The Years EP” (Sub Pop 2011), con el que debutaban el año pasado, entraba dentro de la corriente chillwave -que tan moda está últimamente- y que había que meterles en el mismo carro que a Washed Out o Neon Indian. Pero ahora se descuelgan haciendo un Beach House en toda regla, y la cosa tira más hacia la segunda opción.

Denise Nouvion y Evan Abeele son una fotógrafo y un profesor de música de Ontario que un buen día decidieron formar un grupo en el que pudieran fusionar las atmósferas a lo Cocteau Twins con estribillos y melodías de lo más pop. A priori, la idea no está nada mal, y en “The Slideshow Effect “(Sub Pop 2012) consiguen que funcione de vez en cuando. El problema es que, en gran parte de este trabajo, se relajan y dejan que las canciones pierdan su chispa e impacto y terminen aburriendo.

Empiezan muy bien, mostrándonos las dos caras de la moneda en la primera dupla: Una de pop atmosférico y denso con el subidón justo de intensidad en el estribillo (Little Expressionless Animals), y una de pop pegadizo y juguetón (The Kids Were Wrong). Ni que decir tiene que esta última es la mejor del disco (uno no entiende por qué no han seguido por ese camino). Quizá han tenido suerte con ella y no les ha salido ninguna otra tan redonda. Da la sensación de que lo intentan (y casi lo consiguen en Heirloom, que es demasiado larga, y en Walk With Me, que no es una mala canción), pero, por alguna razón, no llega a cuajar del todo. Por cierto, Walk With Me es el único tema que podría entrar dentro del chillwave que comentaba antes.

Como ya he dicho, tratan de hacer un rollo parecido el de Beach House, y la intensidad que esto requiere la manejan bien, pero no llegan a las maravillas del grupo de Baltimore (algunas de sus canciones más densas, de todos modos, no están nada mal). Y es que no consiste solo en que el estribillo crezca a final del tema. Hay que conseguir emocionar desde el minuto uno de la canción, y más si ésta tiene una duración de cinco minutos. Aunque no es nada fácil, hay que reconocer que, en algún tema como Punctum o Pale Blue, no se les da nada mal y llegan a decir algo sin matar de aburrimiento en el intento.

A juzgar por este álbum de debut, el formato elepé se les queda un poco grande y, quizá, deberían apostar por entregarnos su música en pequeñas dosis. También pueden tomarse un par de vinos, a ver si les alegra la vida (y la música que hacen).

 

 


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