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Martha Wainwright “Come home to mama” (V2 – Coop 2012)

Autor: | @indienauta

marthaw2012

“¿No se suponía que yo era el talentoso?”. Entre bromas, pero sin dejar atrás la competitividad fraternal que estimuló gran parte de su infancia, Rufus se asombraba públicamente de la calidad del debut discográfico de su hermanita Martha (Martha Wainwright, 2005).


Ciertamente, los pasos musicales que ha ido dando Martha han dejado avisos de su capacidad para crear algo especial, menos barroco y virtuosístico que lo que hace Rufus, pero con mayor capacidad para el paroxismo. Si algo le podía faltar, era un sonido propio, ya que cada uno de sus pasos (incluyendo un emotivo tributo a Edith Piaf ) se dejaba arropar por un envoltorio diferente, en muchas ocasiones aséptico, que ni siquiera intentaba hacer competencia a la fuerza interpretativa de la voz de Martha. La cosa cambia radicalmente con este Come home to mama, donde todos los ingredientes pasan a ser igual de importantes, desde la producción (responsabilidad de la componente de Cibo Matto, Yuka C Honda), hasta la instrumentación (tejida por expertas manos como las del baterista de Dirty Three, Jim White; o por el omnipresente guitarra solista de Wilco, Nels Cline, quien además resulta ser marido de la productora). Todo ello arroja un aire de excentricismo post-moderno que a veces recuerda a Kate Bush, o al tipo de disco que Lennon habría hecho a Yoko Ono en el siglo XXI (si Yoko tuviese una voz agradable), o a las texturas que Tori Amos abordó (y por desgracia abandonó posteriormente) en su excelente From the choirgirl hotel (1998). Ante semejante paisaje, nuestra protagonista no se queda atrás, dejándose el alma en cada una de las canciones, tanto con las que requieren el rigor melódico del pop (Can you believe it) como con las que le dejan espacio para mesuradas lamentaciones (Leave behind). Mucho de ese striptease emocional responde a lo que cuentan las letras, ya que en los cinco años transcurridos desde que Martha entregó su último trabajo de temas propios, mucho y muy importante ha pasado en su vida, incluyendo el delicado parto de un niño extremadamente prematuro y la muerte de la matriarca del clan Wainwright, la gran Kate McGarrigle (cuya última composición, Proserpina recibe aquí un esmerado tratamiento de nana pianísitica).  
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