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Marques Toliver “Land of CanaAn” (Bella Union 2013)

Autor: | @sergiomiro

marquestoliver

Con todos los respetos hacia los caminos que ha tomado la música negra en los últimos años, uno no puede ignorar su corazoncito nostálgico y seguir mirando con el rabillo del ojo todos los nuevos lanzamientos a ver si, de repente, surge una rareza multitalentosa a lo vieja escuela capaz de conjugar con naturalidad soul, funk, pop y cualquier otro estilo que se ponga a tiro. Llamadme anticuado, pero creo que al mundo no le vendría mal un nuevo Stevie Wonder (el de los 70, claro), o un Prince, o un Sly, o incluso un Terence Trent D´Arby.

El panorama nos ha lanzado algunas opciones que no llegaron a cuajar: D´angelo se entretuvo demasiado por el camino; Raphael Saadiq es de un retro demasiado mimético; John Legend se limitó a dar unos pocos destellos de composiciones al estilo Motown antes de venderse a las producciones asépticas y al autotune…

En estas, nos llega este chico auspiciado por el nada negroide sello Bella Union (hogar de los mejores barbudos hipster-folk de los últimos años), y uno llega a creer que podría ser el portador del Santo Grial que estaba buscando.

Méritos de currículum no le faltan: modelo ocasional, músico callejero de los que causan impresión (fue “descubierto” en dos ocasiones, en dos continentes diferentes, por un miembro de TV on the Radio y por el capo de Bella Union), señalado por Adele como su “nuevo artista favorito”; editor de la revista de tendencias “Love is the Law”…

Pese a que es competente en varios instrumentos, suele defenderse de manera especial con el violín, algo no tan visto en el mundo de la música negra y, a juzgar por algunas actuaciones suyas en solitario que circulan por la red, posee la sensibilidad y el talento como para presentarse como una alternativa soul a Andrew Bird, cosa que nunca está de sobra.

Con todas estas cartas sobre la mesa, recibimos Land of CanAan, su debut discográfico, y comprobamos que el hombre luce un estilo como cantante y compositor bastante anclado en las enseñanzas de los genios mencionados en el primer párrafo, si bien manteniendo un tono sosegado y seductor durante gran parte del tiempo (un poco al estilo de Marvin Gaye).

Temáticamente, es un disco bastante luminoso, aunque gran parte de su inspiración tiene que ver con el periplo de los esclavos afroamericanos hacia la libertad antes del abolicionismo (de ahí la recurrente aparición a lo largo del disco de un canto gospel acerca de la búsqueda de la tierra de Canaán).

Como elemento distintivo, está el empleo de instrumentos acústicos con cierto aire folk, así como la omnipresencia de una sección de cuerda con arreglos camerales que delatan la formación clásica de nuestro hombre.

De hecho, este debut parece marcado por el exceso de ganas que Toliver parece tener para demostrar todo lo que podía hacer una vez pusieran un estudio y una banda adecuados en sus manos. El producto resultante es bueno –muy bueno, en ocasiones-, pero cabe esperar que en el futuro explotará otro tipo de dinámicas más espontáneas e íntimas.

 

 

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