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Mark Lanegan Band “Blues Funeral” (Beggars Banquet 2012)

Autor: | @indienauta

markbluesfuneral

Resulta difícil separar a Mark Lanegan de ése aura oscura que lo ha venido acompañando ya desde sus incios con los Screamin’ Trees. Quizá sea por ése parecido razonable tanto en lo físico como en lo vocal con el gran Tom Waits, quizá por ésa inducción al nihilismo del que el grunge primigenio hizo bandera. Sea como fuere, los seguidores de Lanegan –y más después del avance de “Gravedigger’s song”, primer track de Blues Funeral (Beggars Banquet, 2012) - esperaban recuperar al Lanegan de los orígenes, al que aún no se había hecho un Rosenvinge a la anglosajona con Isobel Campbell (Belle and Sebastian) en Hawk (V2 Records International, 2010) disco, de una gran intensidad y que merece, de todas, todas, ser escuchado con
atención, por otro lado.


Si algo había dejado claro Lanegan en todos estos años, de todas formas, es que es un culo de mal asiento, por así decirlo. Por tanto, más que esperar un retorno a los orígenes, cabía esperar un trabajo repleto de todas las influencias que el de Washington ha ido acumulando. Y, efectivamente, eso es Blues Funeral: Un arranque siniestro y grunge en toda regla como preludio a un escaparate de estilos en el que predominan las bases electrónicas con un punto chill, como en en “St. Louis Elegy”, “Tiny Grain of Truth” o “Leviathan”. Bases que, todo hay que decirlo, suenan gratuitas y poco trabajadas siempre que se hace uso de ellas y que acusan la falta de dominio del género, conviertiendo los temas en letanías agonizantes y circulares. Encontramos también toques dark-folk en “Deep Vanishing Black Train” e incluso un punto de ochenteo en “Ode to Sad Disco” o “Harborview Hospital”, la gran canción de Blues Funeral.

El refrito de estilos pasado por el tamiz de la electrónica no beneficia para nada a la homogeneidad del disco . Una lástima, porque en algunos temas, los menos impostados, se adivina al Mark Lanegan de siempre. La escucha íntegra de Blues Funeral es un constante altibajo que no permite hacerse la idea de una composición global, sinó de un collage de pequeños retales dónde algunos brillan mucho más que otros y aún así, pasan casi desapercibidos entre el nubarrón que forman el resto de temas. 

Y es que cuando en cierto modo, eres una leyenda, pocas concesiones a la experimentación se te permiten. Si además, ésas experimentaciones parecen entradas con calzador, el resultado es un disco irregular, difícil de escuchar y que, por supuesto, no recordaremos como el retorno brillante de Lanegan que cabía esperar. A ver el próximo.

- 27 de marzo en Bilbao
- 28 en Santiago de Compostela
- 1 de abril en Madrid
- 2 de abril en Barcelona.

 

 

 

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