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Los Planetas, “Zona temporalmente autónoma” (El Volcán/El Ejercito Rojo, 2017)

Autor:  | Google+ | @curtillo

Vista la expectación que ha despertado “Zona temporalmente autónoma” desde el pasado Viernes, es fácil asegurar que Los Planetas siguen siendo uno de los grupos más importantes de nuestros días. Ya sea en forma de la alabanza, o en forma de odio, la banda granadina ha estado presente en prácticamente todos los medios, han sido protagonistas de debates en redes sociales, y, como no, han despachado un buen montón de copias en apenas cuatro días. Lo que nos hace pensar que siguen teniendo más seguidores que detractores.

El noveno álbum de Los Planetas llega siete años después del irregular “Una ópera egipcia”, y dos años después de “Dobles Fatigas”, un fallido Ep doble que no convenció a la gran mayoría de sus seguidores. Con estos antecedentes recientes, no se esperaba mucho de su nuevo trabajo, pero sus adelantos, que nos presentaban a los de Granada en plena forma, consiguieron levantar nuevas expectativas. Unas expectativas que se han visto colmadas con las catorce canciones que forman este álbum, y que ahora repasamos una a una.

Mucho se ha hablado en estas semanas de ‘Islamabad’ y su alianza con Yung Beef. Que J se haya basado ligeramente en un tema de trap, ha extrañado a unos, horrorizado a otros, y encantado a unos pocos. Pero, como los prejuicios están para mandarlos a la mierda, hay que fijarse en resultado final, y ahí es donde no hay discusión posible. Estamos ante unas de esas canciones de Los Planetas que podríamos calificar de cósmicas; esas en las que los teclados envolventes, y un cierto toque de melancolía, juegan un papel importante. Hacía tiempo que no emocionaban así, y sí, ese “estoy cayendo parriba” final propiedad de Beef, tiene mucho que ver.

Otra duda que nos asaltaba respecto a este álbum, era cuánto de flamenco iba a tener. Desde hace unos años es algo que siempre ha estado presente en sus trabajos, y éste no iba a ser menos. Si es cierto que, este tipo de música, está muy metido en sus canciones, tanto en las estructuras, como en el sonido, y aquí hay alguna muestra de ello. ‘Una cruz a cuestas’, es la más evidente, y para darle un poco más de sentimiento, vuelven a contar con la voz de Soleá Morente, que recita algunos versos del cantaor flamenco Manuel Vallejo. Tanto esta, como ‘Soleá’, que viene a continuación, reinciden en el sonido de “La Leyenda del Espacio” o de los discos de Los Evangelistas, aunque ahora hay un pequeño matiz. Las guitarras ya no rugen tanto, y han cambiado las capas de distorsión, por capas de teclados, dando así un sonido más compacto y ensoñador a este tipo de canciones.

Como queda claro en ‘Islamabad’, J no se conforma con adaptar canciones populares de su tierra, o letras de cantaores de flamenco de hace medio siglo, también se fija en la música actual. ‘Seguiriya de los 107 faunos’ se centra en ‘Por ir a comprar’, un tema del grupo argentino 107 faunos que, casualmente, comentan que empezaron a hacer música por Los Planetas. Escuchando su música, no dejan lugar a dudas. El caso es que, aquí, nos encontramos con el que podríamos calificar el ‘Toxicosmos’ del disco. Es un tema emocionante, en el que unos épicos teclados finales nos devuelven a Los Planetas de finales de los noventa y principios del 2000 –para mi gusto, los mejores-.

Tras casi veinte minutos de su faceta más densa, con ‘Hierro y níquel’ comienzan una tanda de canciones mucho más pop, y más directas. Pero, como he comentado más arriba, la distorsión, esa de la que han hecho gala durante toda su carrera, es la gran perjudicada. Ahora suenan más limpios que nunca, y las guitarras rugen realmente poco. Quizá, alguno eche de menos esto, pero sin esa distorsión también se sacan de la manga algún hit que otro. Solo que ahora suenan un poco más clásicos, como en esta ocasión, en la que se acercan bastante a lo que hace J con su Grupo de Expertos de Solynieve.

¿Los Planetas dando todo el protagonismo a los instrumentos de cuerda? Pues sí. Es algo que ya han hecho en pasado, pero casi siempre desde su faceta más psicodélica. En ‘Porque me lo digas tú’ las emplean para crear un dulce tema de pop, al que unas palmas le dan un toque más castizo. Dos minutos y medio en los que demuestran, una vez más, que han sabido fusionar sus múltiples pasiones musicales.

Se podría decir que le han cogido el gusto al folk, pero a su manera, claro. Y es que, al fin y al cabo, ellos tiran del folclore popular desde hace años. ‘Libertad para el solitario’ es uno de los mejores ejemplos, ya que no solo adaptan un fandango, también hacen lo que parece un guiño a “el solitario”, el popular atracador de bancos (y asesino) de los noventa. Además, musicalmente, el tema también nos recuerda al folk que practica ese otro grupo de J que se menciona más arriba.

La gitana’ es una de las interrupciones más molestas que podemos encontramos en un disco de Los Planetas. No tiene mucho sentido que, cuando ya están inmersos en el pop, entre medias metan este ensoñador tema aflamencado de casi seis minutos. No es que sea un mal corte, pero sí pienso que hubiera funcionado mejor al final del disco. Sobre todo porque, tras ella, aparece lo mejor de todo el álbum.

El trío formado por ‘ljtihad’, ‘Espíritu Olímpico’ y el tema que da título al álbum, es imbatible. Las dos primeras son los singles más claros del álbum, pero a su vez, son dos canciones muy distintas. En la primera nos encontramos ante uno de esos temas “canañas” en el que J coge prestado lo de “hermanita ven conmigo” del ‘Isla de Encanta’ de los Pixies, para crear un inmensa canción de puro pop planetario. Por el contrario, en el tema que sirvió de primer adelanto, se meten de lleno en un pop ensoñador que, como bien se ha comentado a lo largo de estas semanas, recuerda a los The Cure menos oscuros. Y si ya nos vamos a ‘Zona temporalmente autónoma’, nos encontramos con una delicada y preciosa canción, que bien podría ser la versión feliz de ‘La playa’.

Si sois de los que en su día disfrutasteis del toque lisérgico que tenía la gran mayoría de temas de “Encuentro con entidades”, su álbum del 2002, entonces os dejareis llevar gustosamente por ‘Amanecer’. Contiene las típicas escalas de Florent, el manto de teclados, un J un poco más emocionado…no le falta de nada. Y para colmo, no es demasiado larga, que, a estas alturas del disco, se agradece.

No es muy habitual escuchar a Los Planetas en formato acústico, sin sus múltiples capas de sonido, pero alguna vez sí que nos han sorprendido en ese formato. Aunque nunca han estado tan relajados y desnudos como en ‘Hay una estrella’, un tema que, sin ánimo de ofender, no pinta mucho dentro de un álbum que cuenta con una producción llena de capas y capas de instrumentos.

A menudo se acusa a la banda granadina de hacer canciones políticas desde una posición privilegiada, como si para hablar de esto hubiera que ser pobre, pero ellos siguen metiendo algo de esto en todos sus discos. Lo hacen al principio, y discretamente, en una parte de ‘Islamabad’, y lo hacen más evidente en ‘Guitarra roja’, donde lanzan toda su ira contra los políticos, empresarios y la religión. Todo ello bajo un manto de densidad y oscuridad, que tiene su éxtasis final con una tormenta de teclados.

Podría decir que “Zona temporalmente autónoma” es el mejor disco de Los Planetas desde no se sabe cuándo, o que han regresado por la puerta grande, que es cierto, pero prefiero quedarme con que es el disco que Los Planetas tenían que hacer en 2017.

Valoración: 8,2

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