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Los Planetas, “Una Semana en el Motor de un Autobús” [Reedición] (Sony, 2013)

Autor:  | Google+ | @curtillo

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No hace falta decir que “Una Semana en el Motor de un Autobús” es uno de los discos más importantes del pop en castellano. El tercer álbum de Los Planetas fue la banda sonora de muchos de los que andábamos por la veintena en aquellos años, y una bofetada a una escena indie que empezaba a resultar demasiado repetitiva. Los granadinos quedaron realmente agotados después de la accidentada grabación de este trabajo (muy recomendable el libro de Nando Cruz que cuenta la experiencia), que casi acabó con ellos como grupo. Afortunadamente, el disco se convirtió en un clásico nada más salir, y elevó a la banda de J y Florent a lo más alto del panorama musical patrio. A partir de aquí, Los Planetas empezaron a preocuparse más por su carrera, por sus directos, y vieron que había una posibilidad sería de convertirse en un grupo capaz de hacer historia.

Han pasado quince años desde que el disco salió a la venta, y algún avispado ha pensado que había que celebrarlo. Es una buena idea, al menos por la edición limitada de 1000 copias en vinilo, que es de lo más jugosa (apenas duraron un par de días en las tiendas), pero la edición en CD tiene muy poco chicha (el disco original más ocho demos no es algo que tenga mucho tirón, la verdad). De todas formas, es un buen momento para comprobar cómo ha envejecido este trabajo y decidir si realmente se merecía ese puesto entre los mejores discos de la historia musical española.

El disco sigue teniendo un sonido realmente espectacular, y si se podría decir que Kurt Ralske acertó de pleno con la producción. Esos vientos grandilocuentes de La Copa de Europa, o el  contundente inicio de Segundo Premio, siguen resultando impactantes. Y pasa lo mismo con las tormentas de guitarras de Toxicosmos o el indie-pop acelerado de Desaparecer y Ciencia Ficción, con esa letra anticapitalista tan actual en estos momentos. Sí es cierto que otros temas como Línea 1 o Cumpleaños Total no han envejecido tan bien. Bueno, esta última ya se había quedado desfasada unos meses después de su edición como single. Tampoco impacta tanto como antes La Playa, que se ha quedado un tanto descafeinada. Con todo, sigue funcionado muy bien en conjunto. Y es que no se puede valorar un disco así sin tener en cuenta que, cuando salió, las cosas eran muy diferentes (allá por 1998). Este tipo de música no estaba tan presente en los medios, y mucha gente no sabía ni lo que era internet, por lo que no llegaban tantas novedades como ahora. También es cierto que los discos no se consumían tan rápido (vivimos en la época del fast food generalizado), y un álbum conceptual como este, que cuenta una historia, se disfrutaba de cabo a rabo una y otra vez, algo que ahora, desgraciadamente, hace muy poca gente.

¿Qué se puede decir de las maquetas? Pues muy poco. Demuestran que el talento ya estaba ahí antes de pasar por la mesa de mezclas, y poco más. Pero eso es algo que ya sabíamos. Resulta curioso escucharlas porque, en algunos casos, ese sonido más crudo le da otro enfoque a las canciones. Es el caso de Línea 1, que casi parece una tema diferente, con esas guitarras distorsionadas y esa batería; o de La Playa, que suena mucho más sucia. Por lo demás, no encontramos mucho más que rascar, y el segundo CD casi se queda en anécdota. Con una reedición en vinilo creo hubiera sido suficiente, pero el negocio es el negocio y, en el fondo, la ocasión merecía la pena.

 

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